pense

"Eles tentaram nos enterrar, mas não sabiam que éramos sementes! "

Proverbio mexicano
Mostrando postagens com marcador ética. Mostrar todas as postagens
Mostrando postagens com marcador ética. Mostrar todas as postagens

quinta-feira, 24 de março de 2016

Amigos e amigas....
abaixo segue a Homilia de Quinta-feira Santa pronunciada pelo Bispo Monsenhor Leonidas Proaño no de 1980.
---------------------------------------------------------------------

O Povo te fez Santo.

Neste dia, 24 de março de 1980, 36 anos atrás, Mons. Oscar Arnulfo Romero, deu sua vida em defesa dos direitos dos mais pobres e excluídos pela sociedade dominante.

Nós todos queremos que sua memória seja mantida viva e, especialmente, a sua mensagem e sua palavra seja praticada, já que esta é a melhor maneira de retribuir o legado enorme e profundo de Mons. Romero e todos os inúmeros mártires que deram suas vidas em defesa doa direitos.

Mons. Romero vive na memória do nosso povo.

Abaixo compartilho a Homilia Quinta-feira Santa  pronunciada por Mons. Leonidas Proaño.
fraternalmente
Surimana
-------------------------------------------------------------------------------------------------------

HOMILIA DE JUEVES SANTO Mons. Leonidas Proaño, 1980

Hermanos: Durante unos breves minutos más yo voy a hacer unas reflexiones tomando el Evangelio en nuestras manos, el que hemos leído, pero antes de hacerlo quiero hacer un breve relato primero de la muerte de Mons. Óscar Arnulfo Romero, y luego, de los acontecimientos de los cuales fui testigo el último domingo.

Mons. Óscar Romero fue asesinado en la Capilla del Hospital La Providencia de San Salvador mientras decía la Misa en recuerdo, en memoria de una señora que había sido también asesinada. Dos años de su muerte.

Pronunciaba su homilía, acababa de pronunciarla, se disponía a hacer el ofertorio. Qué mejor ofertorio que éste de su vida. Sonó un disparo certero, le llegó directo al corazón. Y cayó desplomado. Muerte instantánea. Ríos de sangre brotaron por su boca, por sus narices y aún por sus ojos.

He estado en la capilla en donde fue asesinado, y allí se exhiben diversas fotografías, porque por coincidencia estaba un fotógrafo allí y pudo tomar toda una secuencia de fotografías del acontecimiento.

El asesino huyó de inmediato y no pudo ser capturado, ni siquiera reconocido.   Por esta razón en la declaración que hicimos y firmamos todos los Obispos que estuvimos reunidos allá, hemos dicho que la Misa de Mons. Romero es una Misa inacabada, inconclusa. Y nos hemos comprometido a terminar esa Misa, a llevar a nuestros pueblos la misma voz que él llevó a su pueblo salvadoreño. La misma voz del Evangelio. La misma voz  del amor que es capaz de entregar la vida, para concluir su Misa.
Luego, ¿de qué fui testigo el domingo último? Se organizó la procesión de Ramos desde la basílica del Divino Corazón hasta la Catedral, distancia unas diez cuadras. La procesión transcurrió sin ningún incidente. La Misa se empezó de inmediato en el atrio mismo de la Catedral que daba frente a la Plaza Barrios. La gente, el pueblo colmaba la Plaza. El Cardenal Corripio Ahumada, cardenal mexicano, fue delegado por el Papa para representarlo ante la Iglesia de El Salvador en los funerales y en el sepelio.

Y, en nombre del Papa Juan Pablo II, el Cardenal estaba pronunciando su homilía, estaba exaltando la figura de Mons. Romero como hombre que siguió a Jesús, como hombre que sintió en el fondo de su corazón el amor al pobre, el amor a la persona que sufre. Estaba exaltando la figura de Mons. Romero y diciendo que él se comprometió con la justicia, con los pobres, que fue un hombre coherente, es decir, que lo que él pronunciaba y proclamaba con las palabras lo vivía con los hechos, con las obras, desafiando  todas las amenazas de que había sido ya víctima en  tantas otras épocas anteriores.
Eso iba diciendo el Cardenal Corripio, cuando una bomba explotó en una de las esquinas de la Plaza, delante del Palacio Nacional, mientras desfilaba un grueso concurso de gentes de lo que allá llaman la Coordinadora de Masas y mientras el pueblo estaba, como estáis vosotros aquí, congregados frente al templo de la Catedral.

Fue, queridos hermanos, algo espantoso, algo que no se me borrará de la memoria y de la imaginación. Ver, desde las gradas de la Catedral,  como esa muchedumbre empezó a moverse, a imagen de cómo se mueve el mar cuando está muy agitado, en búsqueda de un refugio.
En un primer momento, quiso buscar un escape por la esquina derecha de la Catedral, pero, tan pronto como se dirigía esta masa en esa dirección, otra bomba en esa esquina, amedrentó a la gente que se volvió hacia atrás, produciendo como podréis comprender vosotros un desorden extraordinario, y era un solo alarido el que subía desde la plaza. Buscó otra salida por la otra esquina y una nueva bomba  y disparos de ametralladora y de fusil cerraban todas las puertas.
Por las cuatro esquinas quiso salir el pueblo y se le cerraron las puertas. Entonces, desde la Catedral se les llamó para que se refugiaran por lo menos cuantos pudieran en ella. En la Catedral por grande que es no había espacio necesario para dar cabida, para dar refugio a tantas decenas de miles que se habían congregado allí. Fue algo horrible. Murieron tanto por el impacto de las balas, por las esquirlas de las bombas, como también pisoteados, ahogados por ese vaivén de la muchedumbre.
A tres metros de distancia de donde yo estaba, ya dentro de la Catedral, murió una señora de un ataque al corazón, en fila se pusieron en ese mismo momento once muertos. Y después, subió a más alto número el de muertos ocurridos en ese tremendo día.

Teniendo presentes estos hechos. Aquí tenemos otra misa inacabada. Se interrumpió la homilía del representante del Papa, se interrumpió la Misa. No fue posible darle sepultura con la Misa, sino simplemente, un responso en medio de ese gran desorden, de ese caos que se produjo allí. Dos misas inacabadas, dos misas inconclusas. Se ha llegado al sacrificio, se ha muerto a mucha gente en este último domingo. Tenemos que concluir esa Misa no solamente en el acto litúrgico, en el acto de culto, sino viviendo nuestra fe, comprometiéndonos a amar a nuestros hermanos, comprometiéndonos a establecer una sociedad nueva, una sociedad justa, una sociedad más humana tal como vienen clamando los Papas, los últimos pontífices de la Iglesia.

Después de esto tomamos pocas palabras del Evangelio. Hemos escuchado este trozo: Antes de la fiesta de Pascua, sabiendo Jesús que había llegado la hora de salir de este mundo al Padre, amó a los suyos que quedaban en el mundo y los amó hasta el extremo.
Sabía Jesús, en un Jueves como hoy, que había llegado la hora de salir de este mundo. Era la víspera de su sacrificio. ¡Qué coincidencias las que estamos viviendo! Pero quiero destacar tres palabras: Habla aquí de los suyos. Amó a los suyos. ¿Quiénes eran los suyos en relación con Jesús? Sus apóstoles: Pedro, Juan, Santiago, Bartolomé y todos los demás, estos eran los suyos. Los suyos: su madre. Los suyos: las mujeres que lo acompañaron en su peregrinaje de proclamación de la Buena Nueva. Los suyos: los pobres, aquellos a quienes había curado de tantas enfermedades. Los suyos: todos aquellos a quienes resucitó, a quienes devolvió la vida. Los suyos: todos aquellos a quienes liberó del temor y del pecado. Estos eran los suyos.

Y dice el Evangelio “los amó”, “amó a los suyos”. Quiere decir que todos estos que he señalado eran los amigos de Jesús, eran aquellos a quienes Jesús mismo dijo: Ya no os llamaré siervos, os llamaré amigos porque os he revelado todos los secretos de mi Padre. Solamente al amigo se le revela los secretos, los secretos del Padre había revelado Jesús a sus amigos. Los apóstoles eran gente pobre, eran gente humilde, estos eran sus amigos, a ellos había revelado los secretos del Padre. Ellos conocían al Padre habiendo conocido a Jesús. Felipe: el que me ve a Mí, ve al Padre. Vivían realmente en la intimidad del misterio de Dios, en la intimidad del corazón de Cristo, estos amigos suyos.

Y destaco la otra frase, la otra palabra: los amó hasta el extremo. ¿Hasta qué extremo? Hasta el extremo de dar la vida. Ya Él había dicho una vez: No hay amor más grande que aquel de quien da la vida por sus amigos. Y Él dio la vida por sus amigos.

Mañana mismo vamos a actualizar el misterio de la muerte de Cristo por sus amigos. En relación con los acontecimientos que nos han congregado en esta tarde aquí.

Fui amigo de Mons. Romero. Se tejieron lazos de amistad, de fraternidad entre la Iglesia de Riobamba y la Iglesia de San Salvador, desde años atrás. Estuvimos juntos en Puebla. Luchamos dentro de la Conferencia hombro con hombro. Estuvo aquí un  sacerdote jesuita que trabajó en su diócesis: Rutilio Grande y aquí, en la experiencia que tuvo en el trabajo con las comunidades campesinas aprendió también a sacrificarse. Y él fue asesinado también por la espalda, junto con dos campesinos, mientras se dirigía a celebrar la Misa. Y esta muerte de Rutilio Grande impactó profundamente en la vida de Mons. Romero y se comprometió desde entonces más a fondo con el pueblo, con los pobres, con la justicia.

Los suyos, los de Mons. Romero: los campesinos, los pobres, los que no tenían voz. Él hablaba cada domingo para denunciar valientemente, con  nombres concretos de lugares y de personas, todos los asesinatos que se estaban cometiendo, todas las represiones que se realizaban en contra de humildes campesinos, en contra de los trabajadores. Esos fueron sus amigos. Los amó. Y porque los amó y los amó entrañablemente les entregó su corazón, les entregó su cabeza, les entregó su vida y les entregó en esa denuncia a que he hecho referencia, en ese acercamiento, podían los campesinos, podían los pobres, podían los trabajadores acercarse hasta él con toda confianza para decirle: esto está sucediendo con nosotros, aquí ha sido asesinado mi hijo, acá ha sido asesinado mi hermano, esta es la situación de nuestro recinto, de nuestra comunidad, nos han echado de nuestras casas, han abaleado a una manifestación, y él, mientras los medios de comunicación colectiva estaban acallados por la amenaza y por el terror, él levantó siempre su voz con valentía para denunciar ante el mundo entero lo que estaba sucediendo en el interior de su país. Porque los amó. Amó a los suyos.
Y tanto los amó. Los amó hasta el extremo, como Jesús. Hasta dar su vida. Ya había recibido amenazas de muerte. Cuando llegó a Puebla ya escuchamos que le habían amenazado de muerte  y que no podría volver a su país, pero volvió.

Quince días antes habían colocado en la Catedral desde donde él hablaba por radio, y era retransmitida su alocución a través de una potente radio y se le podía escuchar aquí y en la Argentina y en otros países, habló con una constancia grande, con una serenidad grande, con un amor grande, con una valentía muy grande. Y allí se le había colocado una carga de dinamita capaz de volar toda la manzana en donde estaba la Catedral. Si esa bomba de dinamita hubiera explotado habría habido que lamentar centenares o tal vez millares de muertos porque muchísima gente acudía a escucharle sus homilías largas y denunciadoras. Viendo que les fracasó este último intento parece que pagaron a un criminal avezado y le clavaron la bala en su corazón. Por eso, creo que no es exagerado llamarle como le hemos llamado profeta y mártir. Profeta de nuestros tiempos, mártir de nuestros tiempos. No fue un líder político, no fue un hombre que luchó por ambiciones personales. Fue un hombre que luchó por la justicia. Fue un hombre que luchó por el Evangelio. Fue un hombre que no dejó, que no permitió, que no cedió el puesto de un cristiano auténtico que siguió al pie de la letra las enseñanzas de Cristo. Por eso, profeta y mártir de nuestra América Latina. Profeta y mártir del hermano pueblo de El Salvador.

 Quiero terminar hermanos para continuar con el sacrificio eucarístico, haciendo simplemente unas preguntas, unas preguntas que querría yo fueran cuestionadoras de nuestra vida, fueran curativas de lo que pudiéramos tener de egoísmo, de cobardía, de timidez antievangélica. Preguntémonos y contestémonos en nuestro interior. A ejemplo de Jesús, ¿quiénes son los nuestros?, ¿a quiénes podemos llamar los nuestros, los míos?, ¿son los pobres?, ¿son los compadres ricos?, ¿son los poderosos?, ¿son las palancas?  

Si nosotros tenemos que seguir las huellas de Jesús: preguntémonos. Él llamó los míos, el Evangelio dice “los suyos”, a sus apóstoles extraídos de entre el pueblo pobre, a los pobres que Él curó, a los pobres que Él defendió. Estos eran los suyos, los de Jesús.

Nosotros, cristianos, ¿a quiénes podemos llamar los nuestros? Es cuestión de opción. Segunda serie de preguntas, que van por el mismo camino. ¿A quiénes llamamos nosotros nuestros amigos? ¿Nos honramos mucho, nos gloriamos de tener por amigos a personas influyentes? O, ¿hemos convertido en nuestros amigos a los pobres?, ¿a los niños desarrapados?, ¿a los cargadores que por su misma presencia, aquí en la ciudad, denuncian un sistema de injusticia en que vivimos?, ¿a los pobres, a los demacrados, a los que no tienen pan para comer todos los días, a los que no tienen trabajo, a los betuneros, a los que aun cuando trabajen no les alcanza para poder sostener a su familia, a sus hijos? ¿Les llamamos amigos a éstos? ¿Son en realidad nuestros amigos?

Y la última serie de preguntas: Nosotros, todos y cada uno de los que estamos aquí presentes, sin palabrerías, sin vanidades, sin exhibicionismos, ¿estamos dispuestos a dar qué a favor de los nuestros, a favor de nuestros amigos? ¿Qué les vamos a dar? ¿Estamos dispuestos a dar de lo que tenemos? Puede ser que haya mucha gente… el pueblo de Riobamba y el pueblo de Chimborazo es muy generoso, está dispuesto a dar de lo que tiene. Sea el momento de agradecer por la generosidad con la que prestamos nuestra ayuda al pueblo de Nicaragua en dos ocasiones y últimamente también al pueblo salvadoreño. Sí, es generoso. Pero, ¿será suficiente dar una partecita de nuestra pobreza? ¿Será suficiente dar una ayuda esporádica? O, ¿qué más tendremos que dar?.

Cristo empezó dando su mensaje, mensaje de salvación, mensaje de liberación, la Buena Noticia, la Buena Nueva, para eso vino a la tierra. El cristiano está en la obligación de recibir también esta misión de llevar el mensaje a sus hermanos, de enseñar ese mensaje de Cristo, ese mensaje de salvación, el auténtico mensaje de salvación, ese que está destinado a liberar a los hombres de todas las cadenas, porque está destinado a ser libre.

Ese mensaje, tenemos la obligación de llevarlo, de dárselo a nuestros hermanos, de multiplicar por lo mismo, las organizaciones, las comunidades eclesiales de base, todo tipo de organización, al seno de las cuales podamos llevar este mensaje de Cristo.

Tenemos que dar, dar el mensaje, pero algo más, ¿qué más? Darnos nosotros mismos, dar de nuestro tiempo, dar de nuestra vida, de nuestras preocupaciones, no encerrarnos en nuestro egoísmo, no movernos únicamente dentro de nuestra capa, no, mirar hacia fuera, contemplar, descubrir, compartiendo las angustias, las incertidumbres, la pobreza, los dolores de tantos hermanos nuestros. ¡Démonos! ¡Demos el corazón! ¡Demos nuestro amor a nuestros hermanos!

El mandamiento del amor es el mandamiento fundamental del cristiano, esa es la única garantía de que somos de verdad cristianos, si amamos al prójimo, si amamos a nuestros hermanos, con un amor grande. No vamos a predicar el odio, no, es el amor, este es el objeto de nuestra preocupación, como cristianos tenemos que amar y si es necesario como consecuencia de todo lo dicho, dar la vida, dar la vida por nuestros hermanos, entregar esto que más apreciamos, a lo que más está apegado nuestro corazón, la vida, como Cristo, como tantos otros mártires de América Latina en nuestros últimos tiempos, como este profeta y mártir de El Salvador, Mons. Óscar Arnulfo Romero.

Que el Señor, que Jesús, nuestro Salvador, nuestro Liberador, con toda su luz, con toda su fuerza esté en cada una de las vidas de ustedes, en cada uno de los corazones de ustedes y que ustedes sepan corresponder a este llamado que hace el mismo Señor Jesús a todos cuantos nos llamamos cristianos, demos, démonos, entreguemos nuestra misma vida.

FUNDACIÓN PUEBLO INDIO DEL ECUADOR


recebi por email do amigo
THIESCO CRISÓSTOMO


quarta-feira, 8 de julho de 2015

Francisco sacode esta Igreja, que está enferrujada - Tus hermanos de la Iglesia de a pie.

Assim como Francisco de Assis pede para fazer, recebemos-lhe com alegria gritando... Que o Senhor te dê a paz!!! Volte à terra latino-americana, irmão, mas você não é mais o Bispo Bergoglio... o jesuíta argentino, boa gente, pobre, intenso em tudo, muito conservador em coisas de moral, grande cozinheiro...
Temos visto (às vezes chorando de alegria), nestes anos, como tem se deixado, mansamente, tocar pelo Espírito, sim, assombrados, emocionados, ouvimos você clamar e acalmar, desafiar e estender pontes, ir a Lampedusa... no mesmo plano de Jesus durante toda a sua vida, irmão fiel dos Anawim... os pobres de Deus.
Tem chamado os poderosos deste mundo à conversão e os humildes à criatividade (sabe? aqui no Equador, desde sempre, os ricos se apropriaram das melhores delícias do mar e as tornaram exclusivas... proibidas. Os simples pescadores e mais simples trabalhadores, trabalhadoras, transformaram o peixe mais desprezado em um guisado tão delicioso que, hoje, é símbolo nacional, sendo disputado entre as “grandes empresas” da “alta cozinha” e o exaltam sem parar... mas se esquecem de que nasceu nas caçarolas de barro e nas latas rachadas dos mais pobres e esquecidos).
A revolução de Deus, que é coisa de operários e lavradores, é o que anda pregando, irmão, com alegria, ternura e mão firme. Lamentamos que este tempo entre nós seja tão curtinho, mas, bom, nós entendemos, que lindo seria se pudesse andar e olhar o que as missionárias e os missionários tecem em seu silêncio, a cada dia, silêncio relativo, pois Jesus grita cada vez mais alto, grita-nos.
Vão lhe mostrar muros e muros, templos e templos, museus e palácios... multidões, enormes multidões. Sabe? Há aqueles que as multidões não assustam, porque são irmãos e irmãs da dor, do cansaço, da fome e da esperança de cada um como um mundo único, sem horário, nem grade... nem “direito canônico”, o tempo todo. Esperamos queJesus, que oxalá tenha conseguido “um espaço” para poder te ver, consiga fazer um sinal para você no meio da imensa massa.
Sabemos que você o sentirá e “nos dará”, dizendo na fala coloquial do povo de Quito, seu recado de paz e rebeldia. Ouve, sacode esta Igreja que está enferrujada, falamos isto a sério, fechada em seus templos magníficos e cômodos conventos, conservando com paixão “os espaços sagrados”, as propriedades, em uma pregação quase “esotérica” em razão da distância da vida diária das pessoas. Falam de “família” e não fazem ideia de quanto custa preparar um prato de sopa, nem da renda do mês. Dão “altas lições de amor familiar”, mas são um “clube de eleitos”, segregam, assim como os fariseus, os “impuros e desencaminhados” e proclamam um Deus que pouco tem a ver com aquele que anda sem nada e tudo ao mesmo tempo. Um velho missionário dizia com ironia... “antes se clamava: África ou morte... hoje é ao contrário: Toyota ou morte...”.
Que gente está sendo formada em uma Igreja fechada e monetariamente poderosa? Vão lhe dizer que as vocações aumentam, os seminários estão cheios e que tudo vai muito bem, não é certo. O ceticismo atinge profundamente os jovens, a droga é uma praga que parece incontrolável, o individualismo e o “êxito” são os padrões a seguir. E diante disto? Como pode uma Igreja que se dedica a cuidar de museus, exigir que os outros se convertam? Não é que o conforto seja ruim, mas quando é modelo e fim... é mortal. Uma Igreja clerical até a ira, que considera o Povo de Deus como um negócio. Como pode ser fermento do Reino? Que pobreza – não evangélica – a maioria dos bispos exibe hoje: gerentes mais do que pastores, inquisidores mais do que irmãos, banqueiros mais do que missionários. Dói, o “mérito” principal para fazer parte desse grupo “exclusivo” parece ser participar do círculo que rodeia esse obscuro embaixador do Estado vaticano.
Sim, sim, estamos ressaltando fortemente o negativo, há também muitíssimas, inumeráveis coisas boas. No entanto, o agradável sempre encontra um elogio e do outro ninguém quer falar. Sacode a sua Igreja... Bispo de Roma. E, pelo Amor de Deus, leva esse Núncio que é apenas fonte de mil dores.
Você chega a um Equador em crise, um país que há oito anos esteve doente terminal, hoje ainda caminha muito delicado, ainda não pode se valer por si só, as pragas ameaçam o seu corpo estragado pelas misérias acumuladas por séculos. E é preciso dizer aos médicos que o atendam, que compreendam que é preciso levá-lo ao sol, para que faça exercícios, recupere sua força popular, que estão sendo drogadas com receitas tecnocráticas. Que se valha dos braços potentes da organização popular e das pernas das novas gerações, que não são apenas os “porta-bandeiras”, “os exitosos”, “os vencedores”, parece que esses médicos que fazem o tratamento são uns “iluminados” que tudo solucionam a partir dos escritórios e dos manuais.
Aqueles que “curam por correspondência” e possuem um computador no lugar do coração. Há, custa dizer, uma dupla moral em alguns dos mais altos funcionários equatorianos, pois a corrupção está presente e é muito forte. Centenas de milhares de jovens estão sendo segregados sem contar com uma oportunidade séria de se preparar, não apenas nas universidades, mas nos escritórios técnicos que lhes assegurem futuro. Há dívidas impostergáveis na partilha da terra e na defesa da natureza. É um governo sem capacidade de organização popular permanente. Porém, em essência é o melhor que o Equador já teve nos últimos 50 anos.
Por outro lado, estão os responsáveis de sua prostração secular, os que lhe adoeceram até quase matá-lo. Querem voltar ao poder para comê-lo vivo, destino de antropófagos: banqueiros, contrabandistas e latifundiários que ainda exalam um cheiro do “tempo da colônia”, proprietários das universidades mais caras e elitistas, prefeitos fascistas, falsos revolucionários de “esquerda”, caciques indígenas e experimentados “líderes sindicais”. Toda a peste que levou o país até a beira da dissolução em 1999, hoje, retorna sem vergonha, mas eloquentemente levantando bandeiras obscuras.
Estão semeando violência e cizânia entre as pessoas. São cínicos, estão se aproveitando das fissuras deixadas por um governo social-democrata radicalizado, para confundir especialmente os setores médios, que neste período cresceram sustentadamente. Os mesmos que quiseram privatizar até o ar, retornam para nos dar lições. E há alguns, muitos, bispos e padres que almoçam elegantemente em suas mesas. Assim que você tiver ido à Bolívia, irão descarregar uma feroz tormenta sobre esta terra, se for possível, convida-os à ordem e que deixem de ambicionar, em sua soberba, querendo se apropriar da vida que uma vez já destroçaram.
Tome cuidado com a “imprensa livre e independente”, que se colou até no avião no qual você veio, são gente com alma de talão de cheques.
De onde estamos, nós te pedimos que peça ao Amor que nos perdoe pelo pouco que fazemos, pois apesar de sermos também abençoados pela sua brisa, somos réus, irmão, de nossa própria comodidade.
Que Maria peregrina, sempre fiel, sempre revolucionária e “populista”, como dizem os banqueiros, essa que também está anônima nas multidões, te abençoe.
Dá-nos um abraço... Papa... delegado do Amor para proclamar sua alegria.
A mensagem é publicada por Religión Digital, 07-07-2015. A tradução é do Cepat.
in: Instituto Humanitas UnisinosQuarta, 08 de julho de 2015

sexta-feira, 3 de julho de 2015

Laudato si': a defesa de um clima mais estável e uma economia mais justa. Artigo de Naomi Klein

É uma honra estar aqui hoje e, especialmente, compartilhar esta plataforma com o cardeal Turkson, que tem feito muito para nos trazer a este momento histórico.
Papa Francisco escreve desde cedo que a Laudato si' não é apenas um ensinamento para o mundo católico, mas para "cada pessoa que habita este planeta" (n. 3). E eu posso dizer que, como feminista judia secular que ficou bastante surpresa ao ser convidada para o Vaticano, ele certamente falou comigo.
"Não somos Deus" (n. 67), afirma o encíclica. Todos os seres humanos sabiam disso antigamente. Mas, há cerca de 400 anos, avanços científicos vertiginosos fizeram com que alguns pensassem que os seres humanos estavam à beira de saber tudo o que havia para se saber sobre a Terra e, portanto, seriam os "mestres e donos" da natureza, como René Descartes afirmou tão memoravelmente. Era isso, segundo eles, o que Deus sempre quisera.
Essa teoria se manteve por um bom tempo. Mas avanços posteriores na ciência nos disseram algo muito diferente. Porque, enquanto queimávamos quantidades cada vez maiores de combustíveis fósseis – convencidos de que nossos navios porta-contêineres e os jatos-jumbo tinham nivelado do mundo, que nós éramos como deuses – os gases do efeito estufa estavam se acumulando na atmosfera e, implacavelmente, retendo o calor.
E agora somos confrontados com a realidade de que nunca fomos os mestres, nunca fomos os chefes – e que estamos desencadeando forças naturais que são muito mais poderosas do que até mesmo as nossas máquinas mais engenhosas. Nós podemos nos salvar, mas apenas se abrirmos mão do mito da dominação e do domínio, e aprendermos a trabalhar com a natureza – respeitando e aproveitando a sua capacidade intrínseca de renovação e regeneração.
E isso nos leva à mensagem central da interligação no cerne da encíclica. O que as alterações climáticas reafirmam – para aquela minoria da espécie humana que já se esqueceu disso – é que não há uma espécie de relação unidirecional de pura mestria na natureza. Como escreve o Papa Francisco, "nada deste mundo nos é indiferente".
Para alguns que veem a interligação como um rebaixamento cósmico, tudo isso é demais para se suportar. E assim – ativamente encorajados pelos atores políticos financiados pelos combustíveis fósseis – eles optam por negar a ciência.
Mas isso já está mudando com as mudanças climáticas. E provavelmente vai mudar mais com a publicação da encíclica. Isso poderia significar um problema real para os políticos norte-americanos que estão contando com o uso da Bíblia como cobertura para a sua oposição à ação climática. A esse respeito, a viagem do Papa Francisco aos Estados Unidos, em setembro, não poderia vir em melhor hora.
No entanto, como a encíclica sublinha com razão, a negação assume muitas formas. E há muitos, ao longo do espectro político e ao redor do mundo, que aceitam a ciência, mas rejeitam as difíceis implicações da ciência.
Eu passei as duas últimas semanas lendo centenas de reações à encíclica. E, embora a resposta tenha sido extremamente positiva, notei um tema comum entre as críticas. O Papa Francisco pode estar certo em relação à ciência – ouvimos – e até mesmo em relação à moral, mas deveria deixar a economia e a política para os especialistas. Eles são os únicos que sabem sobre o comércio de carbono e a privatização da água – dizem-nos – e como efetivamente os mercados podem resolver qualquer problema.
Eu discordo com força. A verdade é que chegamos a este lugar perigoso em parte porque muitos desses especialistas econômicos fracassaram muito conosco, empunhando as suas poderosas habilidades tecnocráticas sem sabedoria. Eles produziram modelos que escandalosamente deram pouco valor à vida humana, particularmente às vidas dos pobres, e deram um valor descomunal à proteção dos lucros das empresas e ao crescimento econômico.
Esse sistema de valores distorcido é o modo pelo qual acabamos chegando aos mercados de carbono ineficazes, em vez de taxas de carbono fortes, e altos royalties de combustíveis fósseis. Foi assim que acabamos com um alvo de temperatura de dois graus que permitiria que nações inteiras desaparecessem – simplesmente porque os seus PIBs foram considerados insuficientemente grandes.
Em um mundo onde o lucro é consistentemente posto acima das pessoas e do planeta, a economia climática tem tudo a ver com ética e moral. Porque, se concordamos que pôr a vida na Terra em perigo é uma crise moral, então cabe a nós agir em consequência.
Isso não significa arriscar o futuro nos ciclos de crescimento e queda do mercado. Isso significa políticas que regulem diretamente quanto carbono pode ser extraído da Terra. Isso significa políticas que nos façam ter 100% de energia renovável em duas a três décadas – e não até o fim do século. E isso significa alocar recursos comuns e compartilhados – como a atmosfera – com base na justiça e na equidade, não na lógico "os vencedores levam tudo".
É por isso que um novo tipo de movimento climático está emergindo rapidamente. Ele se baseia na verdade mais corajosa expressada na encíclica: que o nosso atual sistema econômico está alimentando a crise climática e ativamente nos impedindo de tomar as ações necessárias para impedir isso. Um movimento baseado no conhecimento de que, se não quisermos uma mudança climática descontrolada, então precisamos de uma mudança de sistema.
E, como o nosso sistema atual também está alimentando uma desigualdade cada vez maior, temos uma chance para enfrentar o desafio climático, para resolver várias crises que se sobrepõem de uma só vez. Em suma, podemos mudar para um clima mais estável e uma economia mais justa, ao mesmo tempo.
Esse entendimento crescente é a razão pela qual vocês está vendo algumas alianças surpreendentes e até improváveis. Como, por exemplo, eu no Vaticano. Como sindicatos, grupos indígenas, religiosos e ambientalistas trabalhando mais próximos do que nunca.
Dentro dessas coalizões, não concordamos sobre tudo – não mesmo. Mas entendemos que o que há em jogo é tão importante, que o tempo é tão curto e que a tarefa é tão grande que não podemos nos dar ao luxo de permitir que essas diferenças nos dividam. Quando 400 mil pessoas marcharam pela justiça climática em Nova York, em setembro passado, o slogan era "Para mudar tudo, precisamos de todos".
"Todos" inclui as lideranças políticas, é claro. Mas, depois de ter participado de muitos encontros com os movimentos sociais sobre a cúpula COP em Paris, eu posso relatar isto: há uma tolerância zero para mais um fracasso que possa ser travestido de sucesso diante das câmeras. Até mesmo uma semana depois, quando esses mesmos políticos estarão de volta para perfurar em busca de petróleo no Ártico e para construir mais rodovias e pressionar por novos acordos comerciais que dificultem ainda mais regular os poluidores.
Se a negociação fracassar no sentido de promover reduções às emissões imediatas, proporcionando um apoio real e substancial para os países pobres, então ela será declarada um fracasso. Como deveria ser.
O que devemos sempre lembrar é que não é tarde demais para sair da perigosa estrada em que estamos – que nos leva rumo a quatro graus de aquecimento. De fato, ainda poderíamos manter o aquecimento abaixo de 1,5 grau, se fizéssemos disso a nossa principal prioridade coletiva.
Seria difícil, com certeza. Assim como foi difícil o racionamento e as conversões industriais que já foram feitos em tempos de guerra. Assim como eram ambiciosos os programas antipobreza e de obras públicas lançados no período posterior à Grande Depressão e à Segunda Guerra Mundial.
Mas "difícil" não é o mesma coisa que "impossível". E desistir diante de uma tarefa que poderia salvar inúmeras vidas e evitar tanto sofrimento – simplesmente porque é difícil, caro e exige sacrifício por daqueles dentre nós que mais podem se dar ao luxo de viver com menos – não é pragmatismo.
É uma rendição do tipo mais covarde. E não há nenhuma análise custo-benefício no mundo que seja capaz de justificar isso.
* * *
"Não deixem que o 'perfeito' seja inimigo do 'bom'."
Temos ouvido essas palavras supostamente de pessoas sérias por mais de duas décadas. Durante todo o tempo de vida dos jovens ativistas climáticos de hoje.
E todas as vezes em que uma cúpula da ONU fracassa ao entregar políticas corajosas, juridicamente vinculantes e com base científica, polvilhando promessas vazias de ajudas monetárias reformuladas, nós ouvimos essas palavras novamente.
"Claro que não é o suficiente, mas é um passo na direção certa." "Faremos o trabalho mais difícil da próxima vez." E sempre: "Não deixem que o perfeito seja inimigo do bom."
Isso – é preciso dizê-lo no interior destas paredes sagradas – é puro absurdo. O "perfeito" perdeu o trem em meados da década de 1990, depois da primeira Cúpula da Terra do Rio.
Hoje, temos apenas duas estradas à nossa frente: a "difícil embora humano" e a "fácil embora repreensível".
Aos nossos chamados líderes que preparam as suas promessas para a COP 21 em Paris, tirando o batom e os saltos altos para se vestirem para outra negociação ruim, eu tenho que dizer isto: leiam a encíclica real – e não os resumos, mas a coisa toda.
Leiam-na e deixem-na entrar nos seus corações. A tristeza diante do que já perdemos e a celebração do que ainda podemos proteger e ajudar a florescer.
Ouçam, também, as vozes das centenas de milhares de pessoas que estarão nas ruas de Paris, do lado de fora da cúpula, reunidos simultaneamente em cidades ao redor do mundo.
Desta vez, eles vão estar dizendo mais do que "precisamos de ação". Eles vão estar dizendo: nós já estamos agindo.
Nós somos as soluções: nas nossas demandas de que as instituições renunciem às suas participações em empresas de combustíveis fósseis e as invistam nas atividades que irão reduzir as emissões.
Nos nossos métodos de agricultura ecológica, que dependem menos dos combustíveis fósseis, fornecem alimentos e trabalho saudáveis e retiram carbono.
Nos nossos projetos de energia renovável localmente controlados, que estão diminuindo as emissões, mantendo os recursos nas comunidades, reduzindo os custos e definindo o acesso à energia como um direito.
Na nossa demanda por um transporte público confiável, acessível e até mesmo gratuito, que vai nos tirar de dentro dos carros que poluem as nossas cidades, congestionam as nossas vidas e nos isolam uns dos outros.
Na nossa insistência intransigente de que vocês não podem se chamar líderes climáticos enquanto estiverem abrindo novas e vastas faixas de mar e de terra para a exploração de petróleo, o fracking do gás e a mineração de carvão. Temos de deixar tudo isso onde está, no chão, na terra.
Na nossa convicção de que vocês não podem se chamar de democracia, se estiverem em dívida com os poluidores multinacionais.
Em todo o mundo, o movimento de justiça climática está dizendo: vejam o belo mundo que se encontra do outro lado da política corajosa, cujas sementes já estão dando grandes frutos para qualquer pessoa que se importe em olhar.
Então, parem de fazer do "difícil" o inimigo do "possível".
E unam-se a nós para fazer do "possível" real.
in: Instituto Humanitas Unisinos, 03 de julho de 2015.
Publicamos aqui o discurso da ativista canadense Naomi Klein, publicada no sítio da Santa Sé, 01-07-2015. A tradução é de Moisés Sbardelotto.

segunda-feira, 29 de junho de 2015

O grito da terra, dos pobres e dos migrantes Pe. Alfredo J. Gonçalves

"As mudanças climáticas são um problema global com graves implicações ambientais, sociais, econômicas, distributivas e políticas, constituindo atualmente um dos principais desafios para a humanidade. Provavelmente os impactos mais sérios recairão, nas próximas décadas, sobre os países em vias de desenvolvimento. Muitos pobres vivem em lugares particularmente afetados por fenômenos relacionados com o aquecimento, e os seus meios de subsistência dependem fortemente das reservas naturais e dos chamados serviços do ecossistema como a agricultura, a pesca e os recursos florestais. Não possuem outras disponibilidades econômicas nem outros recursos que lhes permitam adaptar-se aos impactos climáticos ou enfrentar situações catastróficas, e gozam de reduzido acesso a serviços sociais e de protecção. Por exemplo, as mudanças climáticas dão origem a migrações de animais e vegetais que nem sempre conseguem adaptar-se; e isto, por sua vez, afeta os recursos produtivos dos mais pobres, que são forçados também a emigrar com grande incerteza quanto ao futuro da sua vida e dos seus filhos. É trágico o aumento de emigrantes em fuga da miséria agravada pela degradação ambiental, que, não sendo reconhecidos como refugiados nas convenções internacionais, carregam o peso da sua vida abandonada sem qualquer tutela normativa. Infelizmente, verifica-se uma indiferença geral perante estas tragédias, que estão acontecendo agora mesmo em diferentes partes do mundo. A falta de reações diante destes dramas dos nossos irmãos e irmãs é um sinal da perda do sentido de responsabilidade pelos nossos semelhantes, sobre o qual se funda toda a sociedade civil” (Laudato Si’, nº 25).


Vale a pena citar todo esse número da nova Carta Encíclica do Papa Francisco – Laudato Si’ – centrado sobre as mudanças climáticas e as implicações para os, digamos, "refugiados climáticos”. Estes, apesar de seu "trágico aumento”, não são reconhecidos como tais. Prevalece, como se pode ver, a "indiferença geral”. Forçados a fugir de sua terra natal e ignorados quanto ao seu estado de refugiados, terminam ao mesmo tempo praticamente eliminados da própria face do globo terrestre, "nossa casa comum”, título do documento pontifício. Indesejados e rechaçados, constituem, aos milhares e milhões, os errantes e excluídos de uma "economia que mata e descarta”, insiste o Papa.

Uma das ideias centrais do texto – espécie de fio condutor que percorre suas páginas – é a estreita relação entre "a dívida ecológica”, de um lado, e a "dívida social”, de outro. Na verdade, duas faces da mesma moeda, uma vez que os primeiros a sofrerem pela devastação dos ecossistemas são aqueles que não dispõem de meios para defender-se de inundações, secas e outras catástrofes do gênero. "As agressões ambientais atingem o povo mais pobre”, diz o Pontífice, citando a Conferência Episcopal Boliviana (LS, nº 48). Em outras palavras, a degração do meio ambiente e a degradação do ser humano ocorrem simultaneamente, por isso mesmo não podem ser consideradas desvinculadas uma da outra. Qualquer conjunto de políticas públicas destinadas a sanar as feridas e "sintomas de doença” (LS, nº 2) do planeta terra, deve levar em conta as "feridas sociais” (LS, nº 6) das populações mais afetadas, debilitadas e indefesas.

questão ecológica vem ganhando "maior consciência” e crescente sensibilidade de movimentos, entidades e organizações não governamentais (LS, nº 19). Insere-se intrisecamente na questão social, por sua vez fio condutor de toda a Doutrina Social da Igreja. Disso resulta uma "intima relação entre os pobres e a fragilidade do planeta” (LS, nº 16). Hoje – diz literalmente o Papa – "não podemos deixar de reconhecer que uma verdadeira abordagem ecológica sempre se torna uma abordagem social, que deve integrar a justiça nos debates sobre o meio ambiente, para ouvir tanto o clamor da terra como o clamor dos pobres” (LS, nº 49).

Os migrantes – refugiados climáticos – costumam desmascarar essa estreita ligação entre os danos causados ao meio ambiente e os danos sofridos pelos extratos mais desfavorecidos da população mundial. O grito da terra, dos pobres e dos migrantes é um só e único. Muitos, impossibilitados de autodefesa, são pressionados à fuga em massa. Isto quer dizer que as soluções apontadas pelo documento, insistindo sempre sobre o protagonismo dos envolvidos, não podem deixar de lado os dramas dos migrantes, refugiados, prófugos, fugitivos... número que hoje alcança dezenas de milhões.

Pe. Alfredo J. Gonçalves

Assessor das Pastorais Sociais

sexta-feira, 26 de junho de 2015

Laudato Si’ – Prestemos atenção às notas de rodapé

escreve Kevin Ahern, eticista teológico e professor assistente de Estudos Religiosos na Manhattan College, em artigo publicado pelo sítio America, 18-06-2015. A tradução é de Isaque Gomes Correa.
----------------------------
Além da utilização de uma linguagem inclusiva de gênero – a primeira nas encíclicas sociais católicas –, um dos aspectos mais surpreendentes de Laudato Si’ são as notas de rodapé. Para ser honesto, elas foram uma das primeiras coisas que olhei. Francisco se afasta da tradição das encíclicas sociais católicas ao citar várias fontes não católicas oficiais, tais como documentos da ONU, as conferências episcopais nacionais e, de modo mais surpreendente, um místico sufi!
Agora, embora possa parecer um tanto pedante para a maioria dos leitores, as notas de rodapé de Francisco constituem um afastamento significativo da tradição. A maioria das encíclicas papais oficiais do ensino social católico têm um estilo específico e as notas de rodapé desempenham um papel importante. Diferentemente das citações que meus alunos usam em seus trabalhos para referirem a origem das ideias apresentadas, as notas de rodapé no ensino papal têm funcionado como uma forma de alertar o leitor para a continuação de uma tradição. Em geral, as notas de rodapé não estão muito preocupadas em fazer referências propriamente; estão mais interessadas em comunicar que este ensino está harmonia com uma longa tradição no assunto, mesmo quando ele pode estar discordando ligeiramente da fonte.
Por exemplo, a Caritas in Veritate, a encíclica social de 2009 do Papa Bento XVI, dispõe de 159 notas. A maioria delas fazem referência aos ensinamentos sociais oficiais de outros papas; várias destas notas se referem aos seus próprios ensinamentos; algumas mencionam os escritos de importantes santos ou dicastérios vaticanos. Nenhum menciona fontes não católicas ou não doutrinárias. Em grande parte, é assim também com as encíclicas sociais de São João Paulo II.
Esta tradição reflete uma teologia específica do papado que entende que o papa deva ser o professor principal da doutrina católica com uma rígida divisão dos papéis entre professor e aluno. Como tal, o papa nunca precisaria aprender de fontes “abaixo” dele. Isso também inclui as declarações emitidas pelas conferências nacionais dos bispos. Por mais de perto 50 anos, tem havido um longo debate quanto ao estatuto do magistério das declarações feitas por grupos de bispos em nível nacional, continental e mundial.
Sob os pontificados de João Paulo II e Papa Bento XVI, as publicações sociais das conferências episcopais nacionais e dos sínodos foram percebidas como carecendo de competência para um ensino (magisterial) com autoridade. Esta alegação é feita frequentemente pelos críticos das políticas sociais da Conferência dos Bispos Católicos dos Estados Unidos – USCCB (na sigla em inglês), em particular contra os seus ensinamentos sobre a justiça econômica, a paz e o racismo. Em Evangelii Gaudium, o Papa Francisco abordou este ponto quando pediu pelo desenvolvimento do “estatuto das Conferências Episcopais” com “autêntica autoridade doutrinal” para melhor servir a missão da Igreja (n. 32).
Embora não tenha sido bem recebida por todos, Laudato Si’ afirma a autoridade destas estruturas regionais com 20 citações de declarações de 18 conferências episcopais nacionais e regionais. Isso inclui o documento da USCCB, de 2001, intitulado “Global Climate Change: A Plea for Dialogue, Prudence and the Common Good”. A seleção de documentos de várias regiões do mundo parece querer significar algo referente às preocupações expressas pelos bispos quanto aos problemas em jogo. Com efeito, ela construtivamente mostra como a promoção de uma ecologia integral não é apenas a preocupação do Papa Francisco. Embora sutil, é também um aceno para uma visão indutiva e mais descentralizada de Igreja, onde as declarações (os documentos) das conferências episcopais têm valor na formação do ensino social católico universal.
Além de quebrar a tradição ao citar textos de conferências nacionais, o Papa Francisco lança mão de uma gama de pensadores católicos. Ele cita oito vezes Romano Guardini, sacerdote e teólogo influente (1885-1968). Faz uma referência surpresa para o controverso jesuíta Teilhard de Chardin, na nota n. 53, e cita por extenso o Patriarca Bartolomeu no início do texto. Faz também referência a um livro [de John Chryssavgis] publicado pela Fordham University Press, na nota n. 15.
Talvez a referência mais surpreendente é a um místico sufi muçulmano, Ali al-Khawas, na nota n. 159, que diz:
“Um mestre espiritual, Ali Al-Khawwas, partindo da sua própria experiência, assinalava a necessidade de não separar demasiado as criaturas do mundo e a experiência de Deus na interioridade. Dizia ele: ‘Não é preciso criticar preconceituosamente aqueles que procuram o êxtase na música ou na poesia. Há um ‘segredo’ subtil em cada um dos movimentos e dos sons deste mundo. Os iniciados chegam a captar o que dizem o vento que sopra, as árvores que se curvam, a água que corre, as moscas que zunem, as portas que rangem, o canto dos pássaros, o dedilhar de cordas, o silvo da flauta, o suspiro dos enfermos, o gemido dos aflitos…’”.
Ficamos mais impressionados ainda quando lemos a seção intitulada “Os sinais sacramentais e o descanso celebrativo” (n. 233). De um ponto de vista teológico, a inclusão de textos explicitamente religiosos de fora da tradição católica levanta questões interessantes sobre o desenvolvimento da doutrina: O que significa para um documento oficial de doutrina social citar um místico muçulmano? O que isso diz sobre o papel do Espírito Santo para além da Igreja?
Entre as 172 notas de rodapé desta encíclica, nem todas são de fontes surpreendentes. Os escritos de João Paulo II são citados 37 vezes – o mais próximo é o Papa Bento XVI, que vem em segundo lugar com 30 citações. Enquanto alguns podem tentar distanciar os ensinamentos sociais de Francisco sobre o meio ambiente e a economia dos ensinamentos de seus antecessores, estas referências – e este é o propósito delas – devem ajudar a lembrar ao leitor que ele está se baseando numa tradição profundamente estabelecida de preocupação social.
Tal como acontece com outras encíclicas papais, Laudato Si’ destaca a importância de prestarmos atenção às notas de rodapé. Como digo aos meus alunos nos cursos sobre doutrina social católica: sigam as notas de rodapé. Talvez nos surpreendamos com o lugar aonde elas podem nos levar.

Quinta, 25 de junho de 2015. in Instituto Humanitas Unisinos.


Sete chaves para uma encíclica urgente

Na manhã desta quinta-feira, 18 de junho de 2015, foi publicada a esperada encíclica do Papa Francisco sobre a ecologia. O título, Laudato Si’, é tomado do Cântico das Criaturas de São Francisco de Assis, e tem como subtítulo “O cuidado da casa comum”. São quase 200 páginas na tradução castelhana, agrupadas em 246 números e acompanhada de 172 notas de rodapé. É, portanto, impossível oferecer aqui um resume e uma avaliação detalhada da encíclica. São seis capítulos, que seguem o esquema já clássico do Ver (capítulo 1), Julgar (capítulos 2 a 4) e Agir (capítulos 5 e 6). Neste comentário nos limitamos a indicar e comentar sete chaves de leitura para uma encíclica e uma temática urgentes.
A reportagem é de Daniel Izuzquiza, SJ e publicada por EntreParentesis, 18-06-2015. A tradução é de André Langer.
[1] A chave científica. Antes de ser publicada, a encíclica e o próprio Papa foram duramente criticados por setores conservadores, sobretudo norte-americanos, querendo aplicar a ela o dito popular ‘sapateiro, aos teus sapatos’. Sem ler o texto, já estavam dizendo que havia erros científicos, que o Papa não sabe de questões científicas e não deve se meter em questões polêmicas. Pois bem, qualquer Papa em qualquer encíclica consulta diversos especialistas, como aconteceu também neste caso. A análise de situação que o texto recolhe baseia-se, de maneira clara, nos consensos científicos do momento.
As afirmações são matizadas, ponderadas e equilibradas. Para referir-me apenas a duas das questões mais polêmicas, sugiro a leitura do número 23, sobre a mudança climática, ou o número 133, sobre os organismos geneticamente modificados. Analisadas as contribuições da ciência, com suas clarezas e suas questões abertas, “sem dúvida é necessário uma atenção constante, que tenha em consideração todos os aspectos éticos implicados” (n. 135).
[2] A chave ético-filosófica. Embora no campo científico a exposição seja comedida, a encíclica contém uma crítica dura e contundente ao “paradigma tecnocrático dominante” (n. 101). Não porque a ciência e a tecnologia sejam más, mas porque “a humanidade de fato assumiu a tecnologia e seu desenvolvimento junto com um paradigma homogêneo e unidimensional” (n. 106). É que, além disso, “o paradigma tecnocrático também tende a exercer seu domínio sobre a economia e a política” (n. 109). Por isso, estamos “diante da urgência de avançar numa corajosa revolução cultural” (n. 114) que permita superar a “grande desmedida antropocêntrica” (n. 116), sem cair no biocentrismo nem “colocar em um segundo plano o valor das relações entre as pessoas” (n. 119).
[3] A chave política também é importante para ler a encíclica, que quis ser apresentada com suficiente tempo antes da Cúpula do Desenvolvimento Sustentável, em setembro de 2015, e a Cúpula sobre a Mudança Climática, em dezembro deste mesmo ano. A avaliação global é clara e negativa: “as cúpulas mundiais sobre o meio ambiente dos últimos anos não corresponderam às expectativas, porque não alcançaram, por falta de decisão política, acordos ambientais globais realmente significativos e eficazes” (n. 166).
Após fazer um chamamento a uma ação política que supere a estratégia eleitoral e as visões de curto prazo, o Papa reivindica “uma política que pense com visão ampla e leve adiante uma reformulação integral” (n. 197) e que deixe de estar dominada pelos interesses econômicos, evitando “uma concepção mágica do mercado, que tende a pensar que os problemas se resolvem apenas com o crescimento dos lucros das empresas ou dos indivíduos” (n. 190).
[4] A chave social. O Papa Francisco está convencido de que se “deve integrar a justiça nos debates sobre o meio ambiente, para ouvir tanto o clamor da terra como o clamor dos pobres” (n. 49). Como São Francisco de Assis, sabe “até que ponto são inseparáveis a preocupação pela natureza, a justiça para com os pobres, o empenho na sociedade e a paz interior” (n. 10). Por isso, a encíclica fala de iniquidade mundial ou de dívida ecológica entre o Norte e o Sul, e se converte “em um chamado à solidariedade e em uma opção preferencial pelos mais pobres” (n. 158) e denuncia, uma vez mais, a globalização da indiferença. Talvez seja esta uma das insistências do documento, que não vê a ecologia como uma moda esnobe de burgueses acomodados, mas de uma questão chave para as populações empobrecidas de nossa Terra.
[5] A chave cultural. Esta chave desdobra-se em ao menos três assuntos, que somente podemos esboçar. Primeiro, “não se pode excluir a cultura na hora de repensar a relação do ser humano com o meio ambiente” (n. 143), vinculando as ameaças à biodiversidade com os ataques à diversidade cultural, sobretudo das minorias empobrecidas.
Segundo, reconhece que estamos diante de “um grande desafio cultural, espiritual e educativo que implicará longos processos de regeneração” (n. 202), tema ao qual dedica o sexto capítulo, sobre a educação e a espiritualidade ecológica.
Em terceiro lugar, uma relevante questão de gênero literário: como já fez em outras ocasiões, muito chamativamente na exortação Evangelii Gaudium, o Papa Francisco acolhe boa parte dos documentos de diversas Conferências Episcopais de todo o mundo. Nesta ocasião, há mais de 20 referências, de países dos cinco continentes e de entidades de coordenação como o CELAM, na América Latina, ou a FABC, na Ásia.
[6] A chave teológica. Embora a encíclica esteja dirigida a todas as pessoas, crentes ou não (e esta é outra novidade), há nela um desenvolvimento explicitamente teológico. Após o primeiro capítulo dedicado “ao que está acontecendo em nossa casa”, o Papa dedica o segundo capítulo a desenvolver o Evangelho da criação: “a criação só se pode conceber como um dom que vem das mãos abertas do Pai de todos, como uma realidade iluminada pelo amor que nos chama a uma comunhão universal” (n. 76). A partir daqui se recupera o sentido da gratuidade e da contemplação, o destino universal dos bens e a responsabilidade no cuidado da criação, entre outras implicações básicas. “Tudo está interligado, e isto convida-nos a amadurecer uma espiritualidade da solidariedade global que brota do mistério da Trindade” (n. 240).
[7] A chave espiritual. Em sintonia com João Paulo II, o Papa Francisco chama para uma verdadeira conversão ecológica, e acrescenta: “Desejo propor aos cristãos algumas linhas de espiritualidade ecológica que nascem das convicções da nossa fé, pois aquilo que o Evangelho nos ensina tem consequências no nosso modo de pensar, sentir e viver” (n. 216). Continua indicando que “a conversão ecológica, que se requer para criar um dinamismo de mudança duradoura, é também uma conversão comunitária” (n. 219).
Falará depois de gratuidade e gratidão, de sobriedade, de humildade, de paz e de outras “sólidas virtudes” (n. 211). É curioso e significativo que a encíclica termine com duas orações (n. 246), uma para todos os crentes e outra específica para os cristãos. Está em consonância com os destinatários da carta, pois já no começo da encíclica o Papa diz: “quero dirigir-me a cada pessoa que habita neste planeta” (n. 3). Oxalá, cada pessoa possa escutar esta mensagem urgente e comprometer-se com o cuidado de nossa casa comum.

A alegria revolucionária nas palavras de Francisco. Artigo de Carlo Petrini

A opinião é do chef italiano Carlo Petrini, fundador do movimento Slow Food, em artigo para o jornal La Repubblica, 19-06-2015. A tradução é de Moisés Sbardelotto in Instituto Humanistas Unisinos Domingo, 21 de junho de 2015
Francisco, no fim da encíclica Laudato si', antes de propor as duas orações conclusivas, afirma ter feito uma "reflexão jubilosa e ao mesmo tempo dramática". Gostaria de dizer, porém, que é a alegria que prevalece – e afirmo isso como leitor não crente –, embora os pressupostos sejam dolorosos.
É a alegria de poder acreditar em uma mudança revolucionária e em uma nova humanidade. É a alegria que aprofunda as palavras do papa, cheias de esperança, mesmo quando descrevem os piores desastres em que nos encontramos.
Essa encíclica, de fato, é, principalmente, uma dura mas objetiva tomada de consciência sobre a realidade da nossa casa comum, a Terra com a sua Criação. É muito lúcida na análise de quanto dano nós fizemos às coisas e às pessoas, definindo os nossos modelos de desenvolvimento de maneira enlouquecida, razão pela qual deixamos que a nossa política se subjugasse à economia. e a economia, à tecnologia.
Na sua primeira parte, o texto é um perfeito resumo, altamente educativo, da situação em que o mundo se encontra: poluição e mudanças climáticas, a questão da água, a perda de biodiversidade com as consequências da deterioração da qualidade da vida humana, a degradação social, a propagação da iniquidade em um mar de indiferença e de suposta impotência. Um quadro que não deixa margens a dúvidas, nem mesmo científicas.
Ele nos fala da realidade de forma crua, mas não interpretável e, da realidade, na qual várias vezes e de forma nada casual a encíclica se ancora, ele parte para as considerações sucessivas. Saber olhar, com a mesma capacidade de se surpreender e de enternecer pela beleza da Criação própria de São Francisco – essa magnificência está toda no título,Laudato si' – também significa saber compreender um estado humano não mais adequado à casa comum e mergulhar plenamente no nosso tempo.
O apelo a "cultivar e guardar", como está escrito no Gênesis, citado em várias ocasiões, é uma referência a algo antigo e ancestral, que nos pede desde o início dos dias para viver com equilíbrio a nossa natureza mais profunda de seres humanos. Enquanto isso, torna-se um compromisso revolucionário para o futuro. Não há dúvida de que essas palavras representam um dos momentos de virada mais importantes na história da Igreja e, sobretudo, da humanidade.
A novidade está na mensagem universal de Francisco: ele, como não deixou de afirmar desde os primeiros passos do seu pontificado, pretende falar também com quem professa outras fés e aos não crentes, e faz isso escolhendo um tema muito atual, mas também sem tempo, eterno, porque realmente transcende a vida terrena do homem.
Francisco se dirige a todos, como fez João XXIII na Pacem in Terris, em 1963, que dedicou o texto "a todos os homens de boa vontade". Forte é o apelo ao diálogo entre as religiões, entre ciência e religião, entre saberes tecnológicos (e tecnocráticos) e sabedorias antigas, entre paradigmas e entre todos os homens. Que ninguém se sinta excluído das palavras do Santo Padre: ninguém pode ficar indiferente diante da descrição da dramática realidade em que se encontra. Devemos "nos sentir unidos por uma mesma preocupação".
Não são poucos os homens da ciência que previram um futuro em que a raça humana se extinguirá, se continuar consumindo mais recursos do que a natureza dispõe. Além disso, Francisco também escreve: "Se alguém observasse de fora a sociedade planetária, se admiraria com tal comportamento que às vezes parece suicida".
Esses cientistas também concordam em dizer que o fim da humanidade não representaria o fim do planeta, a biosfera sobreviveria à espécie humana, sem muito esforço, implementando os devidos ajustes ao seu complexo sistema de interações entre seres vivos, sejam vegetais ou animais.
"Nós não somos Deus, a terra nos precede e nos foi dada." Por um lado, a hipótese da extinção humana, que eu não considero totalmente improvável, nos faz intuir como até para quem vive uma dimensão espiritual diferente a vida terrena, necessariamente, deve ser atribuída a uma renovada abordagem diante da história do mundo. Por outro lado, tudo isso nos exorta, indistintamente, a interagir de forma mais responsável com o resto das espécies vivas.
É um passo que não pode mais ser prorrogado, para tornar reciprocamente profícuo a nossa existência sobre este planeta e preservá-lo em favor das gerações futuras, mas sobretudo da própria Criação: um sistema tão complexo a ponto de não ser ainda plenamente conhecido pelo homem, em que o indemonstrável – segundo os meios científicos de que dispomos – ainda tem um peso decisivo na ordem das coisas, misterioso para quem não crê, que diz respeito ao próprio íntimo e à fé para os crentes, caracterizado, porém, por uma beleza que nos liga à nossa responsabilidade.
Várias vezes, o papa fala de beleza, como critério estético e espiritual, que deve guiar a nossa ética e a nossa política. A mesma beleza que São Francisco canta.
Na exortação a cultivar e a guardar, para além de um sentido epocal filosófico e teológico que está totalmente na definição de "ecologia integral", entreveem-se também questões candentes que podem ser definidas como políticas: com tal força que nos leva, sem possibilidade de escolha, a uma mudança radical, que deverá renovar o homem e as coisas feitas pelo homem.
No texto de Francisco, não faltam referências a um sistema tecnofinanceiro que não funciona e demonstra a sua incompatibilidade com uma sociedade harmônica e justa. Não só isso, mas também a centralidade da política, entendida como capacidade de desenhar o mundo que queremos e de fazer as escolhas necessárias para realizá-lo, é reafirmada diante de um momento histórico em que a perseguição quase espasmódica do lucro impede que os governantes tomem decisões clarividentes, capazes de imaginar um futuro para além dos prazos eleitorais.