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"Eles tentaram nos enterrar, mas não sabiam que éramos sementes! "

Proverbio mexicano
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sexta-feira, 18 de novembro de 2016

Qual o significado do anel de tucum usado por muitos religiosos?

Qual o significado do anel de tucum usado por muitos religiosos?

Pe. Lucas Emanuel, C.Ss.R

Historicamente falando, o Anel de Tucum nasce no tempo do Império do Brasil. Enquanto a realeza usava joias de metais e ouro, os escravos e índios, sem acesso a esses materiais, criaram o Anel do Tucum. Tucum é uma Palmeira comum na Amazônia. Fizeram, então, desse objeto rústico um símbolo de amizade entre si, pactos matrimoniais e, também, de resistência na luta por libertação. Desse modo, o anel de Tucum era um símbolo cuja linguagem, só eles conheciam. Um símbolo secreto da amizade deles e de suas lutas cotidianas. Mais tarde, os cristãos passam a ter no Anel de Tucum um símbolo de fé e compromisso. Especialmente com a Teologia da Libertação, nos anos 60, quando o apelo às causas dos mais pobres e abandonados começa a crescer, não só no Brasil como também em nossa América Latina. Tivemos, portanto, nesse período um grupo grande de pessoas dedicadas à luta dos mais fracos, o que rendeu muitos testemunhos e martírios. Dom Pedro Casaldáliga é um exponente que nos retrata essas lutas. Esse ilustre Bispo Profeta, num Filme sobre o Anel de Tucum, nos apresenta o significado do anel com essas palavras: “Anel de Tucum é sinal da aliança com a causa indígena e com as causas populares. Quem carrega esse anel significa que assumiu essas causas. E, as suas consequências”. Dizendo isto, lança o convite: “Você toparia levar um anel? Topa?”. As causas de ontem se encontram com as causas de hoje. Nossas lutas mudaram de cenários e nomes e os pobres ainda continuam excluídos e oprimidos. Por isso, o anel de Tucum quer simbolizar uma fé engajada, um compromisso com os pobres, com os sem voz e os sem vez, um compromisso com a VIDA!
Jesus nos revela que Deus está ao lado dos pobres e quer promover sua dignidade, no rosto do pobre encontramos o rosto de Deus. “Na verdade vos digo: toda vez que fizestes isso a um desses mais pequenos dentre meus irmãos foi a mim que o fizestes!” (Mt 25, 40). Portanto, se nos comprometemos às causas dos preferidos de Deus é com Ele que nos comprometemos!


 


quinta-feira, 24 de março de 2016

Amigos e amigas....
abaixo segue a Homilia de Quinta-feira Santa pronunciada pelo Bispo Monsenhor Leonidas Proaño no de 1980.
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O Povo te fez Santo.

Neste dia, 24 de março de 1980, 36 anos atrás, Mons. Oscar Arnulfo Romero, deu sua vida em defesa dos direitos dos mais pobres e excluídos pela sociedade dominante.

Nós todos queremos que sua memória seja mantida viva e, especialmente, a sua mensagem e sua palavra seja praticada, já que esta é a melhor maneira de retribuir o legado enorme e profundo de Mons. Romero e todos os inúmeros mártires que deram suas vidas em defesa doa direitos.

Mons. Romero vive na memória do nosso povo.

Abaixo compartilho a Homilia Quinta-feira Santa  pronunciada por Mons. Leonidas Proaño.
fraternalmente
Surimana
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HOMILIA DE JUEVES SANTO Mons. Leonidas Proaño, 1980

Hermanos: Durante unos breves minutos más yo voy a hacer unas reflexiones tomando el Evangelio en nuestras manos, el que hemos leído, pero antes de hacerlo quiero hacer un breve relato primero de la muerte de Mons. Óscar Arnulfo Romero, y luego, de los acontecimientos de los cuales fui testigo el último domingo.

Mons. Óscar Romero fue asesinado en la Capilla del Hospital La Providencia de San Salvador mientras decía la Misa en recuerdo, en memoria de una señora que había sido también asesinada. Dos años de su muerte.

Pronunciaba su homilía, acababa de pronunciarla, se disponía a hacer el ofertorio. Qué mejor ofertorio que éste de su vida. Sonó un disparo certero, le llegó directo al corazón. Y cayó desplomado. Muerte instantánea. Ríos de sangre brotaron por su boca, por sus narices y aún por sus ojos.

He estado en la capilla en donde fue asesinado, y allí se exhiben diversas fotografías, porque por coincidencia estaba un fotógrafo allí y pudo tomar toda una secuencia de fotografías del acontecimiento.

El asesino huyó de inmediato y no pudo ser capturado, ni siquiera reconocido.   Por esta razón en la declaración que hicimos y firmamos todos los Obispos que estuvimos reunidos allá, hemos dicho que la Misa de Mons. Romero es una Misa inacabada, inconclusa. Y nos hemos comprometido a terminar esa Misa, a llevar a nuestros pueblos la misma voz que él llevó a su pueblo salvadoreño. La misma voz del Evangelio. La misma voz  del amor que es capaz de entregar la vida, para concluir su Misa.
Luego, ¿de qué fui testigo el domingo último? Se organizó la procesión de Ramos desde la basílica del Divino Corazón hasta la Catedral, distancia unas diez cuadras. La procesión transcurrió sin ningún incidente. La Misa se empezó de inmediato en el atrio mismo de la Catedral que daba frente a la Plaza Barrios. La gente, el pueblo colmaba la Plaza. El Cardenal Corripio Ahumada, cardenal mexicano, fue delegado por el Papa para representarlo ante la Iglesia de El Salvador en los funerales y en el sepelio.

Y, en nombre del Papa Juan Pablo II, el Cardenal estaba pronunciando su homilía, estaba exaltando la figura de Mons. Romero como hombre que siguió a Jesús, como hombre que sintió en el fondo de su corazón el amor al pobre, el amor a la persona que sufre. Estaba exaltando la figura de Mons. Romero y diciendo que él se comprometió con la justicia, con los pobres, que fue un hombre coherente, es decir, que lo que él pronunciaba y proclamaba con las palabras lo vivía con los hechos, con las obras, desafiando  todas las amenazas de que había sido ya víctima en  tantas otras épocas anteriores.
Eso iba diciendo el Cardenal Corripio, cuando una bomba explotó en una de las esquinas de la Plaza, delante del Palacio Nacional, mientras desfilaba un grueso concurso de gentes de lo que allá llaman la Coordinadora de Masas y mientras el pueblo estaba, como estáis vosotros aquí, congregados frente al templo de la Catedral.

Fue, queridos hermanos, algo espantoso, algo que no se me borrará de la memoria y de la imaginación. Ver, desde las gradas de la Catedral,  como esa muchedumbre empezó a moverse, a imagen de cómo se mueve el mar cuando está muy agitado, en búsqueda de un refugio.
En un primer momento, quiso buscar un escape por la esquina derecha de la Catedral, pero, tan pronto como se dirigía esta masa en esa dirección, otra bomba en esa esquina, amedrentó a la gente que se volvió hacia atrás, produciendo como podréis comprender vosotros un desorden extraordinario, y era un solo alarido el que subía desde la plaza. Buscó otra salida por la otra esquina y una nueva bomba  y disparos de ametralladora y de fusil cerraban todas las puertas.
Por las cuatro esquinas quiso salir el pueblo y se le cerraron las puertas. Entonces, desde la Catedral se les llamó para que se refugiaran por lo menos cuantos pudieran en ella. En la Catedral por grande que es no había espacio necesario para dar cabida, para dar refugio a tantas decenas de miles que se habían congregado allí. Fue algo horrible. Murieron tanto por el impacto de las balas, por las esquirlas de las bombas, como también pisoteados, ahogados por ese vaivén de la muchedumbre.
A tres metros de distancia de donde yo estaba, ya dentro de la Catedral, murió una señora de un ataque al corazón, en fila se pusieron en ese mismo momento once muertos. Y después, subió a más alto número el de muertos ocurridos en ese tremendo día.

Teniendo presentes estos hechos. Aquí tenemos otra misa inacabada. Se interrumpió la homilía del representante del Papa, se interrumpió la Misa. No fue posible darle sepultura con la Misa, sino simplemente, un responso en medio de ese gran desorden, de ese caos que se produjo allí. Dos misas inacabadas, dos misas inconclusas. Se ha llegado al sacrificio, se ha muerto a mucha gente en este último domingo. Tenemos que concluir esa Misa no solamente en el acto litúrgico, en el acto de culto, sino viviendo nuestra fe, comprometiéndonos a amar a nuestros hermanos, comprometiéndonos a establecer una sociedad nueva, una sociedad justa, una sociedad más humana tal como vienen clamando los Papas, los últimos pontífices de la Iglesia.

Después de esto tomamos pocas palabras del Evangelio. Hemos escuchado este trozo: Antes de la fiesta de Pascua, sabiendo Jesús que había llegado la hora de salir de este mundo al Padre, amó a los suyos que quedaban en el mundo y los amó hasta el extremo.
Sabía Jesús, en un Jueves como hoy, que había llegado la hora de salir de este mundo. Era la víspera de su sacrificio. ¡Qué coincidencias las que estamos viviendo! Pero quiero destacar tres palabras: Habla aquí de los suyos. Amó a los suyos. ¿Quiénes eran los suyos en relación con Jesús? Sus apóstoles: Pedro, Juan, Santiago, Bartolomé y todos los demás, estos eran los suyos. Los suyos: su madre. Los suyos: las mujeres que lo acompañaron en su peregrinaje de proclamación de la Buena Nueva. Los suyos: los pobres, aquellos a quienes había curado de tantas enfermedades. Los suyos: todos aquellos a quienes resucitó, a quienes devolvió la vida. Los suyos: todos aquellos a quienes liberó del temor y del pecado. Estos eran los suyos.

Y dice el Evangelio “los amó”, “amó a los suyos”. Quiere decir que todos estos que he señalado eran los amigos de Jesús, eran aquellos a quienes Jesús mismo dijo: Ya no os llamaré siervos, os llamaré amigos porque os he revelado todos los secretos de mi Padre. Solamente al amigo se le revela los secretos, los secretos del Padre había revelado Jesús a sus amigos. Los apóstoles eran gente pobre, eran gente humilde, estos eran sus amigos, a ellos había revelado los secretos del Padre. Ellos conocían al Padre habiendo conocido a Jesús. Felipe: el que me ve a Mí, ve al Padre. Vivían realmente en la intimidad del misterio de Dios, en la intimidad del corazón de Cristo, estos amigos suyos.

Y destaco la otra frase, la otra palabra: los amó hasta el extremo. ¿Hasta qué extremo? Hasta el extremo de dar la vida. Ya Él había dicho una vez: No hay amor más grande que aquel de quien da la vida por sus amigos. Y Él dio la vida por sus amigos.

Mañana mismo vamos a actualizar el misterio de la muerte de Cristo por sus amigos. En relación con los acontecimientos que nos han congregado en esta tarde aquí.

Fui amigo de Mons. Romero. Se tejieron lazos de amistad, de fraternidad entre la Iglesia de Riobamba y la Iglesia de San Salvador, desde años atrás. Estuvimos juntos en Puebla. Luchamos dentro de la Conferencia hombro con hombro. Estuvo aquí un  sacerdote jesuita que trabajó en su diócesis: Rutilio Grande y aquí, en la experiencia que tuvo en el trabajo con las comunidades campesinas aprendió también a sacrificarse. Y él fue asesinado también por la espalda, junto con dos campesinos, mientras se dirigía a celebrar la Misa. Y esta muerte de Rutilio Grande impactó profundamente en la vida de Mons. Romero y se comprometió desde entonces más a fondo con el pueblo, con los pobres, con la justicia.

Los suyos, los de Mons. Romero: los campesinos, los pobres, los que no tenían voz. Él hablaba cada domingo para denunciar valientemente, con  nombres concretos de lugares y de personas, todos los asesinatos que se estaban cometiendo, todas las represiones que se realizaban en contra de humildes campesinos, en contra de los trabajadores. Esos fueron sus amigos. Los amó. Y porque los amó y los amó entrañablemente les entregó su corazón, les entregó su cabeza, les entregó su vida y les entregó en esa denuncia a que he hecho referencia, en ese acercamiento, podían los campesinos, podían los pobres, podían los trabajadores acercarse hasta él con toda confianza para decirle: esto está sucediendo con nosotros, aquí ha sido asesinado mi hijo, acá ha sido asesinado mi hermano, esta es la situación de nuestro recinto, de nuestra comunidad, nos han echado de nuestras casas, han abaleado a una manifestación, y él, mientras los medios de comunicación colectiva estaban acallados por la amenaza y por el terror, él levantó siempre su voz con valentía para denunciar ante el mundo entero lo que estaba sucediendo en el interior de su país. Porque los amó. Amó a los suyos.
Y tanto los amó. Los amó hasta el extremo, como Jesús. Hasta dar su vida. Ya había recibido amenazas de muerte. Cuando llegó a Puebla ya escuchamos que le habían amenazado de muerte  y que no podría volver a su país, pero volvió.

Quince días antes habían colocado en la Catedral desde donde él hablaba por radio, y era retransmitida su alocución a través de una potente radio y se le podía escuchar aquí y en la Argentina y en otros países, habló con una constancia grande, con una serenidad grande, con un amor grande, con una valentía muy grande. Y allí se le había colocado una carga de dinamita capaz de volar toda la manzana en donde estaba la Catedral. Si esa bomba de dinamita hubiera explotado habría habido que lamentar centenares o tal vez millares de muertos porque muchísima gente acudía a escucharle sus homilías largas y denunciadoras. Viendo que les fracasó este último intento parece que pagaron a un criminal avezado y le clavaron la bala en su corazón. Por eso, creo que no es exagerado llamarle como le hemos llamado profeta y mártir. Profeta de nuestros tiempos, mártir de nuestros tiempos. No fue un líder político, no fue un hombre que luchó por ambiciones personales. Fue un hombre que luchó por la justicia. Fue un hombre que luchó por el Evangelio. Fue un hombre que no dejó, que no permitió, que no cedió el puesto de un cristiano auténtico que siguió al pie de la letra las enseñanzas de Cristo. Por eso, profeta y mártir de nuestra América Latina. Profeta y mártir del hermano pueblo de El Salvador.

 Quiero terminar hermanos para continuar con el sacrificio eucarístico, haciendo simplemente unas preguntas, unas preguntas que querría yo fueran cuestionadoras de nuestra vida, fueran curativas de lo que pudiéramos tener de egoísmo, de cobardía, de timidez antievangélica. Preguntémonos y contestémonos en nuestro interior. A ejemplo de Jesús, ¿quiénes son los nuestros?, ¿a quiénes podemos llamar los nuestros, los míos?, ¿son los pobres?, ¿son los compadres ricos?, ¿son los poderosos?, ¿son las palancas?  

Si nosotros tenemos que seguir las huellas de Jesús: preguntémonos. Él llamó los míos, el Evangelio dice “los suyos”, a sus apóstoles extraídos de entre el pueblo pobre, a los pobres que Él curó, a los pobres que Él defendió. Estos eran los suyos, los de Jesús.

Nosotros, cristianos, ¿a quiénes podemos llamar los nuestros? Es cuestión de opción. Segunda serie de preguntas, que van por el mismo camino. ¿A quiénes llamamos nosotros nuestros amigos? ¿Nos honramos mucho, nos gloriamos de tener por amigos a personas influyentes? O, ¿hemos convertido en nuestros amigos a los pobres?, ¿a los niños desarrapados?, ¿a los cargadores que por su misma presencia, aquí en la ciudad, denuncian un sistema de injusticia en que vivimos?, ¿a los pobres, a los demacrados, a los que no tienen pan para comer todos los días, a los que no tienen trabajo, a los betuneros, a los que aun cuando trabajen no les alcanza para poder sostener a su familia, a sus hijos? ¿Les llamamos amigos a éstos? ¿Son en realidad nuestros amigos?

Y la última serie de preguntas: Nosotros, todos y cada uno de los que estamos aquí presentes, sin palabrerías, sin vanidades, sin exhibicionismos, ¿estamos dispuestos a dar qué a favor de los nuestros, a favor de nuestros amigos? ¿Qué les vamos a dar? ¿Estamos dispuestos a dar de lo que tenemos? Puede ser que haya mucha gente… el pueblo de Riobamba y el pueblo de Chimborazo es muy generoso, está dispuesto a dar de lo que tiene. Sea el momento de agradecer por la generosidad con la que prestamos nuestra ayuda al pueblo de Nicaragua en dos ocasiones y últimamente también al pueblo salvadoreño. Sí, es generoso. Pero, ¿será suficiente dar una partecita de nuestra pobreza? ¿Será suficiente dar una ayuda esporádica? O, ¿qué más tendremos que dar?.

Cristo empezó dando su mensaje, mensaje de salvación, mensaje de liberación, la Buena Noticia, la Buena Nueva, para eso vino a la tierra. El cristiano está en la obligación de recibir también esta misión de llevar el mensaje a sus hermanos, de enseñar ese mensaje de Cristo, ese mensaje de salvación, el auténtico mensaje de salvación, ese que está destinado a liberar a los hombres de todas las cadenas, porque está destinado a ser libre.

Ese mensaje, tenemos la obligación de llevarlo, de dárselo a nuestros hermanos, de multiplicar por lo mismo, las organizaciones, las comunidades eclesiales de base, todo tipo de organización, al seno de las cuales podamos llevar este mensaje de Cristo.

Tenemos que dar, dar el mensaje, pero algo más, ¿qué más? Darnos nosotros mismos, dar de nuestro tiempo, dar de nuestra vida, de nuestras preocupaciones, no encerrarnos en nuestro egoísmo, no movernos únicamente dentro de nuestra capa, no, mirar hacia fuera, contemplar, descubrir, compartiendo las angustias, las incertidumbres, la pobreza, los dolores de tantos hermanos nuestros. ¡Démonos! ¡Demos el corazón! ¡Demos nuestro amor a nuestros hermanos!

El mandamiento del amor es el mandamiento fundamental del cristiano, esa es la única garantía de que somos de verdad cristianos, si amamos al prójimo, si amamos a nuestros hermanos, con un amor grande. No vamos a predicar el odio, no, es el amor, este es el objeto de nuestra preocupación, como cristianos tenemos que amar y si es necesario como consecuencia de todo lo dicho, dar la vida, dar la vida por nuestros hermanos, entregar esto que más apreciamos, a lo que más está apegado nuestro corazón, la vida, como Cristo, como tantos otros mártires de América Latina en nuestros últimos tiempos, como este profeta y mártir de El Salvador, Mons. Óscar Arnulfo Romero.

Que el Señor, que Jesús, nuestro Salvador, nuestro Liberador, con toda su luz, con toda su fuerza esté en cada una de las vidas de ustedes, en cada uno de los corazones de ustedes y que ustedes sepan corresponder a este llamado que hace el mismo Señor Jesús a todos cuantos nos llamamos cristianos, demos, démonos, entreguemos nuestra misma vida.

FUNDACIÓN PUEBLO INDIO DEL ECUADOR


recebi por email do amigo
THIESCO CRISÓSTOMO


segunda-feira, 24 de agosto de 2015

A encíclica verde de Francisco

Maurício Waldman, sociólogo e Doutor em Geografia e mestre em antropologia, em artigo publicado pelo jornal O Imparcial, 16-08-2015. 
São claros os sinais do quanto o pontificado do papa Francisco volta-se para questões candentes do novo milênio. Neste particular, o argentino Jorge Mario Bergoglio é um papa cujo modo de ser e de pensar granjeou-lhe em pouco tempo efusiva popularidade.
No campo católico, no seio das múltiplas vertentes cristãs e em largos setores da opinião pública mundial, papa Francisco projetou imagem de simpatia e receptividade. Em boa parte, a estima pelo papa firmou-se por sua disposição em abrir portas para o diálogo para toda sorte de temas e dilemas do mundo atual.
Assim, além de pronunciar-se sobre litígios internacionais, debates interconfessionais e matérias doutrinárias, o papa se deteve sobre a temática ambiental, debate que como sabemos, é essencial para a continuidade da espécie humana e de todas as formas de vida.
No caso, a contribuição do pontífice materializou-se na Encíclica Laudato Si. Prontamente definida como “Encíclica Verde” do papa, de fato, longe de mera adjetivação, inúmeras são as razões que justificam tal percepção. A este respeito, uma nota matricial reporta ao próprio nome adotado pelo papa, inspirado em São Francisco de Assis, santo católico impregnado de simbolismo ecológico.
Com efeito, a pregação franciscana - marcada pela compaixão por todos os seres vivos e pelos pobres - encerra forte conexão com o ideário ambientalista. Neste sentido, a predileção do papa por Francisco de Assis configura uma pista para a compreensão da Laudato Si.
A presença da doutrina de São Francisco na grade conceitual da Laudato Si é inquestionável. A predisposição da Encíclica em defesa da integralidade da Criação - evidente no subtítulo “Sobre o cuidado da Casa Comum” - objetivamente a insere na órbita das pregações franciscanas. Ademais, não é nem um pouco fortuito que Laudato Si seja o nome de famoso cântico atribuído ao santo.
Citado no preâmbulo, o ideário de São Francisco constitui fio condutor de muitas pontuações do documento, seja em menções textuais ou como pressuposto da argumentação. No mais, o fato da Laudato Si ter redação na primeira pessoa do singular confirma os elos que conectam o papa e a Encíclica com a mensagem franciscanista.
Nesta perspectiva, Laudato Si, ao mesmo tempo em que retoma o pensamento visionário de São Francisco igualmente atesta o enorme potencial de interações possíveis entre o meio científico e as visões religiosas de mundo.
Certo é que a experiência religiosa é específica na sua forma de ser. Tendo a fé como elemento fundante, pode inclusive contrapor-se à lógica científica. Mas, embora ciência e religião tenham corporificado ao longo da história do Ocidente duas vocações em vários contextos atritando entre si, em nada isto compromete a possibilidade de objetivos comuns. 
Note-se que o papa Francisco é ele mesmo um homem com formação técnica. Na juventude, Jorge Mario Bergoglio graduou-se em química e trabalhou no Laboratório Bachmann em Buenos Aires. Portanto, não é de modo algum um cidadão que desconheça o saber científico.
Daí que Laudato Si elenca em defesa do ambiente ampla coleção de dados técnicos de excelência. Um bom exemplo do intercâmbio potencial entre ciência e religião, do saber científico como subsídio para visões de mundo filiadas à predicação religiosa.
Não seria demasiado rubricar que informação não é conhecimento e que isoladamente, este último não é sabedoria. A saber, a materialidade social é avessa a lógicas reducionistas. Existem bons cientistas e existem bons homens de fé. 
Laudato Si é neste sentido uma iniciativa ímpar. Une argumento científico e fé religiosa, voltando-se para o que há de mais essencial: a defesa dos ciclos de vida para o benefício da totalidade da Criação.
in Instituto Humanitas Unisinos, 24 de agosto de 2015.

sexta-feira, 31 de julho de 2015

Um problema: nossas liturgias

Boa parte dos católicos que vão às igrejas aos domingos é idosa. Podem recordar, portanto, a surpresa e o alívio que significou em sua experiência religiosa, há 50 anos, as mudanças introduzidas pelo Concílio Vaticano II na liturgia dos sacramentos e na missa: foram convidados a passarem de “assistentes” a “participantes” nos ritos e no culto. Passou-se do tempo em que se “ouvia missa” para o tempo em que se “celebra a missa”.
Com o passar do tempo, foi possível comprovar que essas reformas não foram tão completas como se esperava: os católicos continuam assistindo à missa como a um espetáculo onde eles são o público e os atores são outros: o padre, os acólitos, os ministros, os leitores, o coro... tudo distribuído em um espaço acomodado como um teatro: um público que olha a certa distância a atuação de alguns disfarçados que estão no palco.
Da Eucaristia, a grande ação de graças a Deus pelo dom da vida, mediante a experiência humana de Jesus de Nazaré, com sua vida, paixão, morte e ressurreição... resta, na realidade, bem pouco.
Uma linguagem desconhecida
Houve algumas mudanças, é verdade: passou-se do latim – que ninguém entendia – ao idioma de cada país. Mas não se mudou o nefasto sistema da leitura continuada da Bíblia. No afã de que o povo escute alguma vez toda a Bíblia, mantiveram-se na missa as leituras (Antigo e Novo Testamento, mais os Evangelhos), lendo, na sequência, do Gênesis ao Apocalipse e em um período de três anos; a ideia, se alguma vez foi boa, fracassou na prática. Com este sistema, o povo católico tem que escutar o que cabe ler nesse dia, seja qual for a experiência vital que esteja vivendo.
Ainda são poucos os pastores que abandonam esse sistema de preparação e se atrevem a buscar as leituras mais apropriadas para cada ocasião; isto exige tempo de preparação, bom critério de discernimento e capacidade de diálogo com as equipes de leigos. Também pode exigir integridade para dar explicações ao bispo que, necessariamente, defenderá o outro esquema imposto deRoma.
Mas não é a única mudança para que a missa seja realmente Eucaristia. Se, como diz a catequese, com mais poesia que segurança, se trata de uma comunidade a modo de família que celebra sua fé, alimenta sua esperança e vive a caridade, a missa deveria contar com um ambiente atraente e com sinais compreensíveis e didáticos.
Improvisações
Em um dos seus textos incisivos, mas verazes, o jornalista Raúl Gutiérrez, que se considera um cristão de base e de mentalidade ampla e pluralista, escreveu:
“A sensação que se tem com frequência ao sair de alguma missa dominical é a improvisação, como se o padre e os encarregados da cerimônia não estivessem muito convencidos da importância e da solenidade do ato.
Em poucas igrejas os fiéis são acolhidos na porta pelo padre ou por leigos que os saúdem e entreguem uma folha com os textos bíblicos que serão lidos na celebração. Como a maioria chega atrasada, é frequente que a missa inicie sem a presença de uma exígua participação, que terminará engrossando apenas durante a homilia. A improvisação da equipe encarregada da missa se percebe nos cochichos entre o dirigente e os leitores, e inclusive entre o celebrante e seus acólitos, atitudes que, somadas a deslocamentos nervosos e espalhafatosos deste pessoal em torno do altar e para a sacristia, distraem a comunidade.
Deixando de lado toda consideração ou exigência de caráter estético, cabe assinalar que a maioria dos coros maneja um estilístico repertório de músicas litúrgicas, o que explica que com frequência entoe algumas músicas que guardam pouca ou nenhuma relação com a festa que se celebra ou com o ensinamento básico do Evangelho desse domingo. Abandonar os coros, para chamá-los de alguma maneira piedosa, à boa vontade de Deus, demonstra pouca compreensão do significado da música como meio universal de comunicação, sobretudo no caso dos jovens.”
Uma liturgia que não convence
As anotações do jornalista são interessantes. Mas, lamentavelmente, deverá passar ainda muita água por debaixo da ponte antes que a liturgia católica se torne compreensível, celebrativa, compartilhada, santificadora da vida. Estamos falando da grande tarefa de evangelizar o século XXI, do compromisso com a missão permanente, de falar uma linguagem de palavras e sinais compreensíveis para o mundo de hoje. Mas não se nota nenhuma mudança pela frente; pelo contrário, vê-se muitos retornos ao passado: alguns chegam à parano ia de querer voltar ao latim, de colocar ainda mais penduricalhos nas vestimentas dos clérigos, de incorporar de modo permanente o incenso nas liturgias...
O mundo do século XXI olha para eles, ri-se e segue seu caminho buscando, quase desesperadamente, quem o acompanhe em sua caminhada pela vida. Os grandes valores do Reino de Deus, aqueles que nos humanizam, seguem sem ser descobertos, porque se quer colocar muitos trapos sobre ele.

in: Instituto Humanitas Unisinos, 31 de julho de 2015
A análise é de José Agustín Cabré e publicada por Religión Digital, 29-0.
A tradução é de André Langer.

terça-feira, 21 de julho de 2015

Amicus Praefectus, sed magis amica Veritas: a resposta do cardeal Sarah e a réplica de Andrea Grillo

publico aqui a replica do teólogo italiano Andrea Grillo à resposta do Cardeal Robert Sarah sobre uma entrevista que o cardeal deu em 09 de março de 2105 onde falou sobre guerra litúrgica, críticas ao papa, islamismo e África.
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No seu blog Come Se Non, 08-07-2015, o teólogo italiano Andrea Grillo escreve que, no dia 5 de julho, o cardeal Robert Sarah, prefeito da Pontifícia Congregação para o Culto Divino e a Disciplina dos Sacramentos, divulgou uma resposta a dois artigos de Grillo, publicados em março e junho passados, nos quais o teólogo tinha criticado "pesadamente" dois textos do cardeal.
"Parece-me um sinal positivo – afirma Grillo, professor do Pontifício Ateneu S. Anselmo, de Roma, do Instituto Teológico Marchigiano, de Ancona, e do Instituto de Liturgia Pastoral da Abadia de Santa Giustina, de Pádua –, ao menos pelo fato de que se abriu um canal de diálogo. No entanto, devo observar que o cardeal Sarah, na sua resposta, não entra minimamente na discussão 'de mérito', enquanto se limita a observações de caráter formal, sobretudo sobre o meu 'tom', além das suas intenções."
Assim, Grillo escreve ter decidido fazer duas coisas:
- levar ao conhecimento também dos seus leitores a resposta do cardeal Sarah;
- acompanhá-la com uma breve resposta, na qual o teólogo tenta "mostrar os limites da própria resposta e o bom direito com que eu levantei desde março as minhas críticas".
A tradução é de Moisés Sbardelotto in Instituto Humanitas Unisinos, 21 de julho de 2015.
Eis os textos.
A resposta do cardeal Sarah
O grande bem do Concílio Vaticano II
Pela segunda vez em poucos meses, o Prof. Andrea Grillo escreveu no seu blog comentários não muito lisonjeiros a meu respeito.
Em um post do dia 6 de março passado, desde o título, me acusava de "desfigurar o Vaticano II". No texto, depois, ele comentava uma passagem de uma entrevista minha, falando de "'monstruum' lógico e pastoral" e dizendo que, com as minhas palavras, eu me expunha ao "ridículo", operava uma "mistificação" e cometia "um erro irremediável", sem falar do resto.
Perto do fim, ele me acusa daquela autorreferencialidade justamente estigmatizada pelo Papa Francisco, equiparando-me aos "expoentes da Cúria desprovidos de senso de realidade e de verdadeiro contato com as comunidades vivas", os quais, "vivendo sempre nos escritórios da Cúria […] imaginam uma Igreja que não existe e ignoram a que existe".
Não vou comentar as expressões anteriores, mas sobre estas últimas eu quero lembrar que fui ordenado sacerdote em 1969 e, dez anos depois, bispo. De 1979 a 2001, fui bispo na minha Guiné, enfrentando a vida pastoral ordinária e muitas situações "extraordinárias". Apenas em 2001 cheguei à Cúria. Acho que posso dizer que tenho um pouco de conhecimento da Igreja "que existe". Não posso garantir o mesmo para todos os acadêmicos individuais, embora a maioria deles consegue unir de modo harmônico o estudo e a vida eclesial.
Um segundo post foi dedicado a mim pelo Prof. Grillo no dia 16 de junho. Ele traz o surpreendente título: "O analfabetismo conciliar do cardeal Sarah". Nele, o liturgista me critica duramente por um artigo por mim publicado no L'Osservatore Romano do dia 12 de junho de 2015, intitulado "Silenciosa ação do coração".
Lendo o título do post do Prof. Grillo, deveria me preocupar: sou realmente analfabeto em relação ao Concílio, ou ao menos acerca do seu ensinamento litúrgico? Se assim fosse, seria grave, e deveria imediatamente remediar isso, talvez indo para uma "escola de Concílio" de algum especialista que dá aulas particulares!
Mas fiquei confortado por duas reflexões. A primeira, a que voltarei logo, é de que as acusações que me são dirigidas pelo Prof. Grillo não se justificam com base no verdadeiro conteúdo do meu artigo. A segunda é que, se sou analfabeto, estou em boa companhia, já que a minha interpretação da Sacrosanctum Concilium coincide com a de inúmeros outros autores, de não pouco relevo, e alguns deles importantíssimos. E o que é ainda mais importante: a minha interpretação lê o Concílio à luz do Magistério pós-conciliar.
Mas consideremos, embora muito brevemente e sem entrar nos detalhes, o que o Prof. Grillo escreve sobre o meu artigo, mesmo que – para dizer a verdade – eu deveria dizer: o que ele escreve sobre mim.
O autor afirma que quer me dirigir quatro perguntas, quando, na realidade, eu sou posto no banco dos réus, tendo que suportar uma acusação ao término da qual a condenação é, como era previsível desde o início, dura e certa.
Além disso, as acusações, no fundo, também se reduzem a apenas uma, que repete várias vezes ao longo de todo o texto: para o Prof. Grillo, seria uma grave culpa minha o fato de ter citado a Redemptionis Sacramentum, número 42, com aquele seu chamado a utilizar com cautela a expressão "comunidade celebrante".
Evito documentar novamente a inoportunidade da linguagem que é utilizada em relação a mim, como e ainda mais no primeiro dos dois posts. Detenho-me ao essencial e observo ao Prof. Grillo que a Redemptionis Sacramentum é citada uma única vez, enquanto aSacrosanctum Concilium, 13 vezes.
E não falam só os números: o tema da expressão "comunidade celebrante" também é tocado uma única vez e não representa, de fato, o ponto central do meu artigo, mas sim uma aplicação dentro de um discurso de muito mais fôlego. Por outro lado, é claro que eu concordo com aquela especificação oferecida pela Instrução, enquanto é igualmente evidente que o Prof. Grillo não concorda.
Mas essa diferença de opinião justifica o tipo de intervenção que ele publicou? O professor diz que a minha hermenêutica do Concílio está completamente errada e que, mais do que a Constituição do Vaticano II, parece que eu li a Mediator Dei de Pio XII (aliás, nunca citada no meu artigo).
Prof. Grillo reivindica a liberdade do teólogo de criticar a minha "leveza de análise e de julgamento" e ´de "trazer à luz todas as lacunas".
A conclusão do seu post confirma em termos ainda mais drásticos essa reivindicação. O professor escreve: "Um prefeito que realmente queira servir uma autêntica implementação do Vaticano II nunca escreveria uma única linha daquilo que apareceu com a sua assinatura. Esse é um fato grave. Sobre o qual um teólogo, que queira servir a Igreja, nunca poderá silenciar, em caso algum".
Sobre isso, quero dizer que não duvido da sinceridade dos sentimentos do Prof. Grillo em querer servir a Igreja. Nem mesmo contesto que, em princípio, uma das tarefas da teologia é criticar representações parciais (quais não são?), a fim de favorecer uma melhor compreensão e apresentação da verdade revelada. Objeto, porém, as modalidades com que isso foi feito.
Horácio ensina: est modus in rebus. E São Pedro aumenta a dose quando, com palavras que se referem particularmente bem ao ministério dos teólogos, diz: "Reconheçam de coração o Cristo como Senhor, estando sempre prontos a dar a razão de sua esperança a todo aquele que a pede a vocês, mas com bons modos, com respeito e mantendo a consciência limpa. Assim, quando vocês forem difamados em alguma coisa, aqueles que criticam o bom comportamento que vocês têm em Cristo ficarão confundidos" (1Pd 3, 15-16).
Prof. Grillo, naturalmente, é livre para me criticar, se considerar que eu – como autor privado – erra. Porém, ele deve mudar o estilo das suas críticas, deve torná-las realmente construtivas, diria até edificantes, se isso for concedido.
Além disso, quando critica, ele deve se esforçar para atingir o alvo: ou seja, criticar um verdadeiro erro, se houver; não criar um discurso que não foi feito, para depois se jogar de cabeça contra a sua própria criatura, cuja paternidade, porém, ele atribui ao seu acusado.
Uma palavra conclusiva sobre o motivo desta minha intervenção. Na Itália, diz-se: "Non c’è due, senza tre" [não há dois sem três]. Como o Prof. Grillo já me dedicou dois posts, provavelmente devo esperar outros. Talvez, eu deva esperar um post cada vez que eu abrir a boca ou escrever alguma coisa. Quero dizer claramente que, embora possa desagradar, esse tipo de intervenções não me intimida.
Vou continuar refletindo e falando, ou escrevendo, sobre a sagrada liturgia segundo o que a minha inteligência e consciência me fazem compreender como verdadeiro e digno de ser transmitido aos outros. Vou continuar obedecendo ao Santo Padre, como sempre fiz. E o Papa Francisco, como já pude dizer em outros lugares, ao me nomear prefeito da Congregação para o Culto Divino e a Disciplina dos Sacramentos, conferiu-me um mandato de continuar a implementação do Concílio, seguindo o caminho aberto pelo Papa Bento XVI.
Isso eu pretendo fazer, com a ajuda de Deus, dos oficiais e dos consultores da Congregação e dos liturgistas que desejam fazer uma contribuição positiva.
Ao escrever este texto, não pretendi me defender, embora tenha sido atacado. Ao contrário, quis defender o direito de ter uma visão justa e fiel ao Magistério da Igreja, apesar de ser diferente da de um ou mais liturgistas.
Não quero proteger ou "regularizar", como afirma o Prof. Grillo, "quem não quer jogar o jogo do Concílio Vaticano II". Em vez disso, quero dizer que não é de todo certo que aquilo que o professor chama de "Concílio Vaticano II" coincida realmente com aquilo que o Concílio ensinou.
Muitos na Igreja se encontram na visão litúrgica que eu esbocei brevemente no meu artigo publicado no L'Osservatore Romano. Não é verdade que são poucos, como muitas vezes se ouve dizer! É a liberdade de expressão minha e de essas pessoas, sobretudo, que eu considerei que deveria contribuir para garantir. O debate é uma coisa boa.
Para que haja debate, é preciso ter a capacidade de debater serenamente, com ideias diferentes das próprias. Eu sempre estarei aberto para ouvir e para pensar pacatamente com todos. Mas é necessário defender a liberdade de ler o Concílio como um fenômeno novo e, ao mesmo tempo, plenamente inserido na continuidade do único Sujeito Igreja.
É preciso garantir a liberdade de pensar e de se expressar nesse sentido, sabendo argumentar, obviamente, o que se diz (argumentar e atacar não são a mesma coisa). Hoje, tornou-se um dever de defender essa liberdade de pensamento e de palavra por parte de quem quer negá-la, afirmando que a única leitura adequada do Vaticano II é a por ele proposta.
É para contribuir para garantir a possibilidade de ser, de pensar e de falar hoje, como homens e mulheres da Igreja do Vaticano II, que é a mesma Igreja de sempre desejada pelo Senhor, que eu decidi escrever e que continuarei a fazê-lo. Agradeço a quem quiser ler esta minha resposta e anuncio, desde já, que não haverá outras, mesmo que continuem as críticas descompostas em relação a mim. Será suficiente este texto e aquilo que eu continuarei publicando no futuro, em espírito positivo e propositivo.
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A réplica de Andrea Grillo:
Amicus Praefectus, sed magis amica Veritas
A resposta do cardeal Sarah e a necessária defesa do "verdadeiro"Concílio Vaticano II são o objeto desta minha breve réplica. Gostaria de ordenar os meus pensamentos para replicar, com a máxima pacatez de que sou capaz de, às palavras do cardeal Sarah.
Vou proceder rapidamente deste modo: colocarei à luz a descrição unilateral que ele faz das minhas duas intervenções (1), a justificação do tom "indignado" com que eu escrevi (2), as questões fundamentais em jogo (3) e com a inconclusão com que o cardeal, até agora, cuidadosamente evitou argumentar (4) a propósito das minhas perguntas.
1. Uma descrição totalmente unilateral
Um primeiro dado curioso parece ser este: do mesmo modo com que ele descreve e apresenta a Sacrosanctum concilium, o cardeal Sarah – mutatis mutandis – descreveu e apresentou as minhas duas intervenções no meu blog, ocultando cuidadosamente o motivo tanto do tom quanto do conteúdo.
Se se esconde o motivo do meu duplo escrito – ou seja, a teoria da "liberdade de utilização do Vetus Ordo ou do Novus Ordo segundo o apego pessoal" e a negação da "participação ativa" como lógica fundamental que justifica a Reforma Litúrgica – não se permite que ninguém entenda o que está em jogo em tudo isso.
Parece que tudo se resolve em uma polêmica entre pessoas. Se não se reconstrói o fato – ou seja, um duplo escrito do prefeito da Congregação para o Culto Divino, que reconstrói a Reforma Litúrgica de modo unilateral e injusto –, não se entende por que eu tive que levantar o tom e indicar esse duplo erro à opinião pública eclesial.
O prefeito defendeu explicitamente uma teoria errada, da qual decorrem consequências deletérias para a vida das comunidades e dos sujeitos. Eu não tenho nada de pessoal contra ele. Ou, melhor, justamente porque o respeito como pessoa e como ministro, sinto o dever de lhe indicar, com toda a clareza necessária – sem usar a conhecida "duplicidade" clerical – onde está o erro de avaliação e de julgamento que altera a reconstrução da história e o diagnóstico do presente.
2. O tom "indignado" e a monotonia curial
Justamente aqui se insere o segundo aspecto da sua resposta: o cardeal parece muito impressionado com a incomum parrésia com que eu me expressei. Evidentemente, ele parece estar acostumado com o mundo curial, onde se diz – sobre tudo e sobre todos – de modo muito mais pesado do que eu fiz, mas apenas e sempre pelas costas, escondendo-se e murmurando.
Quantas vezes eu mesmo tive que constatar que, sobre os temas litúrgicos mais candentes – sobre os quais eu escrevo há anos com toda a franqueza de que sou capaz –, colegas, monsenhores, bispos e presbíteros diziam coisas muito piores do que eu, mas sempre e apenas "às escondidas" e "baixando a voz", olhando ao redor de modo circunspecto, quase como animais perseguidos.
Gostaria aqui de recordar ao senhor cardeal o que disse o Papa Francisco em uma ocasião recente: "Se você diz um palavrão sobre a minha mãe, espere um soco". Para um liturgista, que acredita naquilo que estuda e ensina, não é tolerável ouvir falar da Reforma Litúrgica e da participação ativa nos modos com que o senhor cardeal falou.
Nesses casos, o "tom indignado" é proporcional à paixão com que se quer respeitar um percurso eclesial e um projeto de renovação da tradição. Que "o velho e o novo se equivalem" ou que a "participação ativa se reduz a mera passividade interior" pode-se suportar se dito pelo senso comum aproximado de um homem da rua, mas não por um prefeito de Congregação.
Acredite-me, senhor cardeal, também neste caso, é só o ministério que o senhor desempenha que suscitou essa minha inevitável e justificada reação. O senhor se surpreende se eu falei de "analfabetismo conciliar"? Mas como o senhor pode falar da Sacrosanctum concilium, por páginas, sem nunca dizer o que é central no documento? Fala-se dele com 13 citações que não têm nada de "específico" sobre a novidade desse texto?
O senhor defende que "muitos" já escreveram o que o senhor escreve. Mas quais são as suas fontes? Alcuin ReidNicola BuxVittorio Messori? São essas as "auctoritates" de que se vale um prefeito? Nunca leu VagagginiMarsiliParschMazzaBradshaw,AngenendtKloeckener, que reconstroem de um modo totalmente diferente a história do Movimento Litúrgico e da Reforma Litúrgica? Por que deve confiar em autores secundários, sem nenhuma autoridade acadêmica ou pastoral, e não levar a sério as verdadeiras autoridades?
Sobre isso, não só não obtive nenhum esclarecimento, mas a sua resposta também me induz a mais preocupações.
3. As duas grandes questões em jogo
Nas minhas duas intervenções, eu me limitei a focalizar duas questões absolutamente centrais, que, nas suas palavras, são definidas de modo distorcido e com possíveis consequências totalmente "anárquicas".
Por isso, eu questionei não a sua intenção, mas o efeito "pacificante" das suas palavras. A meu ver – e, asseguro-lhe e aviso, de todos os mais atentos observadores da vida litúrgica católica – essas afirmações são objetivamente perigosas. Sintetizo-as novamente, aqui abaixo:
a) Buscar a "paz litúrgica" incrementando a contraditoriedade entre Vetus Ordo e Novus Ordo.
Desde 2007, entramos no "túnel" aberto por um dos atos mais infelizes do pontificado de Bento XVI, que introduz um perigosíssimo paralelo entre formas contraditórias do mesmo rito romano. É um projeto que nasce como "projeto de paz", mas que se tornou imediatamente "dinamite institucional".
Pode fazer sentido apenas em ambientes fechados, clericais. Mas mesmo neles – por exemplo, em um seminário ou em uma comunidade religiosa – tem um efeito de divisão na formação, na espiritualidade, na pastoral, na eclesiologia dos futuros presbíteros.
Não falamos, depois, quando isso dá voz a advogados reacionários, para constituir um "grupo Vetus Ordo" na paróquia ao lado de casa... Se alguém não percebe essas dinâmicas, tão distorcidas quanto garantidas de cima, é bom que um teólogo diga isso abertamente e sem pêlos na língua.
b) Desconfiar da "assembleia celebrante" e trair todo o projeto de Reforma daSacrosanctum concilium?
A premissa necessária para a primeira "opção" é a incompreensão do coração daSacrosanctum concilium e da Reforma Litúrgica. O senhor sabe muito bem que havia alguns "teólogos" (ou, melhor, jornalistas e padres que se apresentam como tais) que ousaram defender – ouvidos também por ambientes da sua Congregação – que aSacrosanctum concilium não queria reformar "a missa", mas apenas "as missas festivas, com a participação do povo".
O senhor parece dar ouvidos a essas leituras distorcidas e insustentáveis da tradição recente, ignorando o valor central de uma Igreja que redescobre "ritus et preces" como linguagem comum a todos os batizados.
Por outro lado, há alguns anos, eu ouvi com os meus próprios ouvidos um antecessor seu dizer que "os leigos deviam ser mantidos longe dos altares". Com essa abordagem, não se pode entender a Sacrosanctum concilium e não se pode ler adequadamente a tradição que esse documento inaugurou eficazmente.
Um documento que nos faz entender, ainda hoje, que é preciso, acima de tudo, "recuperar os usos" antes que "combater os abusos". Sobre isso, nos seus escritos, não encontrei palavras claras.
4. O evasividade do cardeal
Acredite-me, senhor cardeal, gostei muito de ler a sua resposta. Mesmo quando não compartilhava nada, sabia que esse gesto, feito pelo senhor, estava marcado por uma confiança de fundo: que o debate é melhor do que a autossuficiência.
Mas, ao lado disso, devo lhe confessar que fiquei muito decepcionado pelo fato de que, depois de ter reagido, como é natural, às minhas críticas, o senhor não deu sinais de responder minimamente às questões que eu levantei.
O senhor diz que "muitos pensam como o senhor": essa não é uma resposta, se não quantitativa, que eu questiono como tal – a meu ver, esses "muitos" são muito poucos e marginais – e que eu contesto sobretudo porque não é motivada.
A interpretação autêntica da Sacrosanctum concilium não é a daqueles que buscam achatá-la na Mediator Dei, como o senhor também fez nas suas duas intervenções.
E é curioso que o senhor, pensando de modo positivista, objete nunca ter citado aMediator Dei. Certo. O senhor não precisava citar a Mediator Dei, porque citou somente aqueles trechos da Sacrosanctum concilium que já podem ser lidos na Mediator Dei! É como ler o Evangelho trazendo à tona apenas todas as citações do Antigo Testamento. Como se faz para captar a sua novidade se ela nunca é citada diretamente?
O senhor até faz uma operação ainda mais perigosa. Não cita os elementos de verdadeira novidade e insinua a dúvida no leitor de que as verdadeiras novidades "não são legítimas": caso contrário, como poderia defender que a "paz litúrgica" só pode nasce tornando a Reforma irrelevante e que a "assembleia celebrante" deve ser um conceito a ser usado com cautela?
Talvez, o senhor acredite que a diferença entre graça e lei pode ser uma diferença perigosa? Que a grande novidade cristã, para a qual a "assembleia celebrante", como "corpo de Cristo", torna-se parte do mesmo mistério celebrado, pode ser considerada como um pensamento perigoso? Que ela não é teologia, mas sociologia ou esquecimento do primado de Deus?
Em conclusão
Para encerrar, como eu repito, declaro-me contente com a sua resposta. É um belo sinal, para além dos conteúdos. O Concílio também se torna vida não tanto como um conteúdo, mas como um estilo.
Mas quero acrescentar uma última coisa. O senhor deseja que, no futuro, eu escreva de modo diferente, mais construtivo e edificante. É preciso entender bem o que se deve entender com esse legítimo desejo. Se o senhor quer que eu assuma o estilo distorcido e lacônico dos textos clericais que o seu escritório soube produzir nos últimos anos, penso que vou lhe decepcionar ao máximo.
Eu entendo a função do teólogo como "crítica respeitosa" e "respeito crítico". Nesse caso, encontrando-me diante de documentos e de artigos que "entendem mal a verdade da história dos últimos 100 anos" e que ameaçam a boa condição do caminho de reforma da liturgia e da Igreja, iniciado há um século, eu tenho o dever de reagir de modo claro e até mesmo duro.
A minha reação é causada pelo conteúdo enganoso dos seus escritos. Eu lhe digo uma verdade, que é dura de ouvir, mas que é muito preciosa. Tornei-me teólogo para exercer essa tarefa e, se não o fizesse, embora às vezes possa parecer descortês ou ingrata, eu não estaria em paz com a minha consciência.
Não sou teólogo para fazer elogios aos poderes de turno, mas para salvaguardar o sentido mais precioso da tradição. Nesse meu trabalho, também exerço em relação ao senhor uma forma de amizade, respeitosa da diversidade das funções eclesiais, mas crítica em relação a toda forma de esquecimento ou de injustiça, sobretudo quando vem de cima.
Justamente por isso, eu diria quase por deontologia profissional, busco defender o antigo ditado: amicus Praefectus, sed magis amica Veritas.
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